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En  1998 el apicultor Argel López, originario de El Sauce, “cayó en desgracia”.  El huracán Mitch, que en ese entonces azotó al país  lo dejó sin  colmenas y con deudas.


“Me dejó en la calle y la ayuda que esperábamos nunca llegó, porque el Gobierno se la robó toda. Estaba muy mal”, rememoró.  Sin embargo,  un año después la suerte le cambió.


En  1999,  “apareció” por el municipio un canadiense llamado Andrew Drey en busca de apicultores para trabajar temporalmente en Estados Unidos. El hombre era un intermediario, y ganaba por cabeza la mitad del salario que recibía cada obrero.


“No lo tomé en serio porque andaba de short, camiseta y bigotudo, pero decía que daba trabajo”, comentó.
Drey no lo convenció, y en el primer intentó llevó sólo a tres apicultores de la zona por tres meses y medio.


“Fue como un proyecto piloto, pero les fue tan bien que el canadiense decidió llevar más mano de obra, y fue entonces cuando  me animé”, destacó. A partir de entonces, comenzó a viajar con la visa H2A destinada para empleos temporales agrícolas a la nación estadounidense.  López, experto en “hacer” reinas,  ganaba al mes 1,100 dólares en la empresa Rossom Honey. El intermediario recibía 1,100 dólares por él.  “Así salí de mis deudas, aunque he dejado de ir a Estados Unidos con esa visa porque me estoy dedicando a la apicultura en El Sauce”, explicó.


Sin embargo, la migración temporal de apicultores de El Sauce va en aumento.  Según cálculos de López, actualmente   200 hombres cabezas de familias  viajan con la visa H2A seis meses al año y ganan en esos términos  2,100 dólares. Es decir, que generan 2.5 millones de dólares en promedio al año, equivalentes al cambio actual a  55.4 millones de córdobas.

En El Sauce… todo ha mejorado
El administrador Jorge  Mario Reyes, de  44 años, quien desde el  2003 viaja con esa visa,  aseguró que el municipio  “vive en un 80% de las remesas” procedentes de Estados Unidos, pero también de Costa Rica y España.


“En El Sauce todo se ha dinamizado, nosotros mandamos remesas cada mes. Fíjese que la Western Union ya está desde hace cuatro o cinco años por acá (en la zona) porque aquí todo el mundo vive de eso”, expresó. Además, “casi todos nos hemos comprado moto, hemos mejorado la casa, hemos dado trabajo a carpinteros y albañiles; algunos hasta han comprado tierras y ganado”, refirió.


Reyes trabaja en Estados Unidos para la empresa Taylor Honey Co. S.D. Con el empleo  ha ampliado su casa y ahora tiene una venta de pollo.


En el 2003, él ganaba a lo  sumo  300 dólares, de manera que al incrementársele su sueldo en un 600% consiguió mejorar su vida y la de su familia.


Su esposa Arely López manifestó que aunque “no es fácil que pase buen tiempo fuera de la casa, los niños siempre preguntan por él, pero con el trabajo que tiene, ahora todo ha mejorado”, comentó la señora.


Harold Rivera, de 30 años y habitante de Esquipulas en El Sauce, también está contento. Subrayó que desde el 2005 trabaja en los Estados Unidos para la compañía Horvert Honey, echando mano de la visa H-2A gracias a un amigo.


“Yo era trailero, viajaba a Guatemala y ganaba 500 dólares. Cuando me ofrecieron el trabajo con la visa no lo pensé y acepté, y me ha ido bien porque gano al mes 2,600 dólares”, afirmó.


De esa cifra 1,300 los envía mes a mes a su esposa, ella sólo gasta 300 dólares y el resto los ahorra, aunque a partir de este año estará a cargo de una abarrotería en la cual Rivera invirtió  60 mil córdobas, un poco más de 2,700 dólares.  


También construyó una casa con tres cuartos, sala, antesala, garaje, corredor, baños, cocina y pantry, desayunador y un espacio para el negocio. En lo que empleó a cinco personas.


En toda la construcción  invirtió 18 mil dólares y aparte de eso ha comprado tierras.  “Si me hubiera quedado en Nicaragua jamás hubiera hecho todo esto, para nosotros ha sido una gran bendición”, subrayó.

Trámites sin contratiempos
Reyes calcula que cada obrero al menos ahorra 15 mil dólares. “Este dinero, para la vida que se  lleva en el país es aceptable. La ventaja que tenemos desde el 2005, es que  ahora nuestra relación laboral es directa, no hay intermediario”, indicó.


Por otro lado, “el trato es ventajoso porque los trámites los asumen los dueños de las compañías para los cuales trabajamos. Ellos mandan la solicitud y todos los papeles a la Embajada”, de manera que el trabajador sólo asume el costo del pasaporte, si no lo tiene,  y el de la visa que supera los 150 dólares, reiteró.


Las compañías que los contratan además asumen el  boleto aéreo y la estadía en Estados Unidos: gasto de agua y luz, así como el hospedaje, nosotros sólo gastamos en comida”, dijo.


Daymo Corrales, gracias a eso, también tiene una casa nueva que compró en cinco mil dólares, además de una moto. Antes de esto estaba desempleado, “así que para mí ha sido de mucha ayuda”, apuntó.  La visa H-2A se extiende por un año, aunque según los favorecidos tiene una renovación indefinida. Reyes,  Rivera y Corrales la renovan cada año. “No tenemos problemas porque una vez que terminamos el trabajo regresamos al país”, explicó Reyes.


“Añadió que no hay contratiempos, incluso si uno de los compañeros ya no quiere vivir del trabajo, jalamos a otro del mismo municipio y lo recomendamos, porque basta que tenga edad para trabajar, ganas de hacerlo, experiencia en la labor, y una carta de recomendación para que te acepten las compañías”, aseveró Reyes.

Obreros nicas son bien vistos
Pero esa no es la única razón por la cual ellos se sienten cómodos con el trabajo, la vivencia, el trato también cuenta.
Rivera manifestó que sus jefes les pagan sus prestaciones sociales. “Yo me he enfermado y me han llevado al médico, me han dado días de descanso, todo, sin ningún problema. Claro, en Estados Unidos es diferente porque los empleadores deben asegurar un adecuado ambiente laboral y siempre el Gobierno o la ciudad los inspecciona”, aseguró.


En Estados Unidos ellos se mueven a diferentes zonas. Entre éstas Dakota del Sur, Dakota del Norte, Minnesota, Texas, California, Montana, Houston, entre otras. Reyes especificó que de julio a noviembre, según la compañía, el trabajo que predomina es la cosecha de miel.


Él usualmente hace esa labor, pero  hay otros que viajan “de noviembre a  marzo para hacer el trabajo de  la polinización y  les toca ir a California. Otros (como Rivera) lo hace en enero y regresan a finales de año”. Éstos últimos hacen diversas tareas, como la reproducción de colmenas.


Rivera, al igual que a Reyes, por ejemplo le ha tocado lidiar con colmenas que pesan más de 100 libras. “Es un trabajo pesado, por eso la mayoría de trabajadores son hombres,  pero, para qué, nosotros hacemos lo que nos manden.  Nuestros jefes están contentos con la mano de obra nicaragüense porque es de calidad. Como decimos nosotros: en Nicaragua, las mujeres paren hombres de verdad”, indicó Rivera quien además  hace de chofer.


En algunas compañías la producción de miel es de 18 a 25  barriles diarios de miel. Cada barril tiene 55 galones, de acuerdo con Reyes, pero hay otras donde la producción es de 80 barriles por día.


En esas empresas, los trabajadores nicas conviven con obreros mexicanos y sudafricanos, incluso ucranianos.
“Como ven, nos ha tocado ir aprendiendo inglés, aunque nuestros jefes también intentan hablar español, así que por ese lado la experiencia es súper enriquecedora”, valoró Reyes quien ya está en el proceso de tramitación de  su visa para volver a Estados Unidos este año.


“Me voy pronto, no pienso dejar el trabajo, no lo pienso hacer”. En Nicaragua no hay trabajo y  con lo que hago en Estados Unidos  resuelvo mi vida y  la de mi familia, destacó.  


Reyes tiene tres hijos: uno de  13, otro  10  y otro de  año y medio. Rivera añadió: “No creo que  ninguno de nosotros lo quiera soltar, es bueno”, insistió. Él dejó el país el pasado  viernes y retornará a Nicaragua en noviembre próximo, aunque lamentó dejar su familia.


“Tengo dos hijos: uno de 5 años y  otro de 16 meses. Se qué el más pequeño no me reconocerá cuando vuelva y eso es duro. Tomo el trabajo porque pienso en su bienestar y hay que acostumbrarse, además, allá nos tratan bien, somos afortunados”, puntualizó.


EL NUEVO DIARIO intentó  obtener más información sobre el tema con la Embajada de Estados Unidos en Nicaragua, pero prometieron brindar datos como  estadísticas hasta  está semana.


Además de trabajadores de El Sauce, hay de Boaco y  Matagalpa, quienes hacen uso de la visa en mención en sectores como la apicultura. Otros, lo hacen en empresas de exportación de camarones. Estos últimos son originarios de Corinto.