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La imagen parece irreal: Daniel Ortega “llorando en los hombros” del líder libio Muammar Gadaffi y pidiéndole dinero para enfrentar el recorte financiero de los donantes “imperialistas” en Nicaragua.


¿Era ese mismo Ortega el que aireado y furibundo insultaba en junio del 2008 a los donantes llamándole “moscas sobre la inmundicia”? ¿Era ese mismo Ortega el que en plaza llena y con ademanes de arrogancia retaba en julio de 2008 a los donantes a llevarse “sus 30 monedas” y calificaba de “minucias” las cuotas de dinero que entregaban a Nicaragua?


Hace una década, en el año 2000, Nicaragua acordó ante Naciones Unidas ocho objetivos para superar la pobreza agobiante de la mayoría de sus habitantes.
El último de ellos era clave para alcanzar los primeros siete: establecer alianzas con países desarrollados que financiaran y respaldaran los esfuerzos del país por superar el drama de la pobreza.


A menos de cuatro años de la fecha (2015) para alcanzar esa meta, el país se encuentra peor en materia de cooperación internacional al desarrollo, en comparación con el año 2000, cuando se acordaron los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM).


El octavo ODM para Nicaragua es establecer una alianza mundial para el desarrollo, con el fin de mejorar las relaciones entre los países desarrollados con los menos desarrollados, en materia de políticas de comercio, inversión ayuda externa predecible y condonación de la deuda externa.

Más de U$ 4,600 millones entre 1997 y 2005
Según un estudio denominado “Objetivos de Desarrollo del Milenio Nicaragua 2006”, elaborado por el Sistema de las Naciones Unidas, la comunidad internacional había venido apoyando a Nicaragua para su desarrollo.


El país había recibido alrededor de 4,671 millones de dólares entre 1997 y 2005 en concepto de ayuda externa, ya fuera en donaciones, préstamos concesionales y créditos a largo plazo.


Desde el año 2002, la comunidad internacional suscribió un acuerdo que se conoció como la Declaración de París, donde se establecieron compromisos para que la ayuda oficial al desarrollo de Nicaragua fuera más efectiva en el apoyo a los esfuerzos nacionales para el logro de la reducción de la pobreza y alcanzar los ODM.


En ese marco, Nicaragua había asumido un destacado papel en América Latina y había logrado establecer mecanismos que permitían un mayor grado de coordinación de la cooperación internacional en apoyo a las prioridades nacionales. Según la investigación de Naciones Unidas, a pesar de los importantes avances en materia, quedaba mucho camino por recorrer.


Desde entonces se establecía que para alcanzar los ODM, a partir de un estudio realizado por PNUD en 2004, el gasto social en salud, educación, agua y saneamiento debería crecer un mínimo de 3.8 por ciento anual entre 2001 y 2015. Y nunca ocurrió eso. Se necesitaba crear 90 mil nuevos empleos productivos para una población económicamente activa de 15 a 60 años.

Venezuela, el último aliado con dinero
Para el sociólogo Óscar René Vargas, aunque Nicaragua se ha abierto nuevos mercados en el ámbito comercial con economías como la venezolana, uno de nuestros tres primeros destinos para nuestras exportaciones de café y carne, y se ha acercado a otros países como Rusia, todavía hace falta “una política interna de generación de más empleos y retención de capital humano que por falta de oportunidades tiene que migrar”.


De acuerdo con Vargas, para lograr que los todos los siete objetivos se cumplan, lo primordial es generar empleo: al menos 100 mil anualmente. Y no empleos precarios, sino empleos de calidad. Eso no está ocurriendo “porque lo que se ha creado es empleo informal, que significa poco salario, sin Seguridad Social y por tanta pobreza, precariedad y marginalidad”, según Vargas.


“Hay una falta de capacidad de gestión del Estado de generar empleos, de retener a los profesionales y técnicos porque se van a otros países a hacer labores que no tienen que ver con su carrera”, indicó.


Mencionó que entre 1994 y 2010, el ritmo de crecimiento económico de Nicaragua fue de 3,1 por ciento “con el cual es imposible alcanzar las metas del milenio, porque para hacerlo tuvimos que haber crecido un promedio superior al 5 por ciento anual, porque si vos le restas a ese crecimiento económico el crecimiento demográfico, de 2 por ciento de la población, entonces el crecimiento económico real es de 1 por ciento”.


“Tenemos pocos recursos, pero debemos saber reorientarlos y en el caso de la ayuda externa, que hablamos de 900 a mil millones de dólares en cooperación, definitivamente que tendríamos mejores resultados”, señaló Vargas.


El sociólogo estimó que el país, además de crear empleos, debe aplicar una política migratoria “positiva y amigable”, que acoja a los europeos que están saliendo de su país hacia América Latina, porque son profesionales todos y jóvenes con capacidades productivas altas.

“No hay alianza explícita”

Para el economista José Luis Medal, alcanzar este objetivo a 2015 es irreal, debido a que no existe una alianza explícita que se dirija a fomentar un elemento humano mejor formado académicamente, que se traduzca en un trabajador con empleo digno y productivo.


“Yo desconozco alianzas que se dirijan manifiestamente para alcanzar un desarrollo acelerado y en términos concretos a disminuir tasas de desempleo y mejorar la calidad de los mismos y partiendo de ahí, vamos mal”, dijo.
“No hay ninguna alianza sobre ese particular, no existe, ni hay políticas explícitas, porque la demanda de trabajo tiene una tasa de crecimiento de 7 por ciento anual y la oferta es bajísima porque la calificación del recurso humano es bajo”, sostuvo.

Indicó que en Nicaragua básicamente lo que prevalece es el sub-empleo, y contrario a eso la tasa de desempleo abierto aumento de 5,2 por ciento a 8,3 por ciento del 2006 al 2009.


“El sub-empleo, aunque se discuten las cifras, anda por el 40 por ciento, es decir prevalece el trabajo informal de mala calidad, porque los índices de escolaridad son muy bajos y el nivel de escolaridad para alcanzar trabajos de calidad es bajo”, explicó.


En contraste con ello mencionó que la tasa de crecimiento económico promedio 2007-2010, fue de 2.1 por ciento, menor a las tasa de crecimiento que tuvo el país de 2000 a 2006 y mucho menor a la tasa de crecimiento de 3.8 que según PNUD, Nicaragua requería de manera permanente desde 2001 al 2015 para alcanzar las metas.


“Con esa tasa de crecimiento de 2.1 por ciento no podés crear suficientes condiciones para ofrecer trabajo digno y productivo, sin tomar en cuenta el crecimiento poblacional”, dijo el especialista.

El factor educación
Para el economista e investigador Adolfo Acevedo, la razón de la precariedad del empleo está en la baja escolaridad de la población económicamente activa que se va incorporando al mercado, y en la pobreza general del país que no invierte en mejorar las condiciones escolares de su población.


Acevedo, citando cifras del Mined, señala que la tasa de culminación de la educación secundaria sería del 44%; esto significa que, además de que apenas 4.5 jóvenes de ambos sexos de cada 10 en edad de asistir a secundaria se matriculan en este nivel educativo, solo 4.4 de cada 10 que logran matricularse en secundaria, logran completarla.


“El hecho de que un porcentaje importante de niños, niñas y adolescentes no logren culminar la educación primaria, que menos de la mitad de los que deberían asistir a secundaria lo hagan, y que de ellos menos de la mitad logre culminarla, determina que los jóvenes nicaragüenses se incorporen al mercado laboral con niveles de escolaridad extremadamente bajos”, observó.


“Dada la alta correlación que existe entre niveles de escolaridad y el ingreso laboral que las personas lograrán alcanzar, esto está condenando a gran parte de estos jóvenes a percibir ingresos laborales durante su vida adulta, que los mantendrán bajo el umbral de la pobreza”, observó.


Según Acevedo, se requieren al menos 11 años de escolaridad – la secundaria completa – para obtener un ingreso laboral que comience a superar el umbral de la pobreza. Y la mayor parte de los jóvenes no logran alcanzar, ni de lejos, ese nivel de escolaridad, señala.


“Las repercusiones del bajísimo nivel de escolaridad de que adolece la mayor parte de la fuerza de trabajo, son extremas. El análisis de la estructura del mercado laboral nicaragüense muestra que casi 7 de cada 10 empleos en Nicaragua son empleos precarios en el sector informal”, afirma.


“Mayoritariamente, se trata de empleos en los que predominan el auto empleo y los empleos sin remuneración, desempeñados principalmente por familiares, y asalariados de micro unidades informales. Estos empleos generan unos ingresos muy bajos, que mantienen a quienes los desempeñan bajo el umbral de la pobreza”, estima.


A su juicio, una razón fundamental del predominio de este tipo de empleos es que la economía nicaragüense está generando, mayoritariamente, el único tipo de empleos que puede absorber a una fuerza de trabajo con las características de la nicaragüense, que se caracteriza por niveles excesivamente bajos de calificación.

“En cierto sentido, nuestra sociedad desigual está cosechando lo que sembró: al cerrar a los niños y niñas de los hogares de menores ingresos – que constituyen la mayoría absoluta de los niños - el acceso a una educación suficiente y de calidad, se condenó al país a tener hoy una fuerza de trabajo de bajísima calificación, la cual únicamente puede ser absorbida por el tipo de empleos que, de manera predominante, está generando nuestra economía: empleos precarios e informales que condenan a quienes los desempeñan a sobrevivir bajo el umbral de la pobreza”.

Visión oficial: ¡Vamos bien!

A nivel oficial, el país avanza exitosamente en el cumplimiento de los ODM, de acuerdo con el reporte de la Presidencia de la República sobre el tema, publicado en septiembre de 2010 por el boletín Nicaragua Triunfa “Nicaragua recibió Asistencia Oficial para el Desarrollo por un monto promedio de de US$573.3 millones entre 2002 y 2006, y se incrementó hasta un monto promedio de US$611.0 millones para el período 2007-2009, lo que implica un crecimiento del 6.6%”, dice el informe, refiriéndose a la cooperación venezolana que no es objeto de fiscalización pública y que alimenta al consorcio Albanisa, de negocios partidarios y familiares del presidente.

“La relación deuda externa/PIB se redujo de 109.8% en 2006, a 59.5% en 2009, es decir, una baja de 50.1 puntos porcentuales”, dice el informe oficial. “Nicaragua ha elevado considerablemente las suscripciones de celulares en la población, pasando de 33.1 por cada 100 habitantes en 2006 a 54.7 en 2009, para un crecimiento de 65.3%. Igualmente se han incrementado considerablemente las conexiones de Internet, de 1.7 por cada 100 habitantes en 2006 a 4.9 en 2009, para cumplir los Objetivos de Desarrollo del Milenio”.


Las cifras oficiales, respaldadas con estudios científicos, son menos positivas que el informe de Presidencia. De acuerdo a cifras del Instituto Nacional de Información al Desarrollo (Inide), en el país aproximadamente 186 mil ciudadanos económicamente activos se encuentran en desempleo y 885 mil están en empleos precarios.


Inide estimó en 2010, que el 38.8 por ciento de la Población Económicamente Activa PEA (885 mil personas de una masa humana de 2.28 millones) están subempleadas, sin ingresos fijos, sin respaldo de seguro social y sin beneficios laborales.


De acuerdo con la institución, la tasa de desempleo formal anda por el 8.2 por ciento de la PEA, es decir, más de 186 mil personas.