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Para nadie es un secreto que Managua es la ciudad más vulnerable del país, por su alta sismicidad, inundaciones recurrentes cada año, riesgos volcánicos y contaminación ambiental. Todos esos factores adversos los han señalado especialistas y diversos estudios. Pero, la gran pregunta es: ¿qué hacer para enfrentar esta realidad que cíclicamente vive la capital?

El ex alcalde de Managua, Dionisio Marenco, considera que hay que expandir la capital hacia los costados, Tipitapa o el lado de Masaya, como una forma de ir dejando el crecimiento poblacional del área actual, ya que el lugar está saturado. Pero éste es un criterio que contrasta con el de expertos del Centro de Investigaciones Geológicas y Geofísica de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (Cigeo), quienes sostienen que esta propuesta no es viable, ya que la zona propuesta por el ex alcalde, por ejemplo la zona de Cofradía, es altamente sísmica.

Sin embargo, Marenco sostiene que la capital ya no puede seguir creciendo como lo está haciendo, pues gran parte de las nuevas construcciones  están en lugares de alto riesgo o son de mala calidad y mal supervisadas.

“La mayoría de los asentamientos nacieron en la época de la revolución. Se podría decir que todo Managua es un gran asentamiento. Cuando yo entré en la alcaldía, el 60% de la tenencia de la tierra era ilegal”, señala el ex alcalde.

 

Convivir con los riesgos
Por otro lado, la mayoría de especialistas consultados coinciden en señalar que la salida no es dejar la ciudad o buscar otras áreas, sino, más bien, aprender a convivir con los riesgos y construir una ciudad ordenada y debidamente construida.

Managua, en su ubicación actual, puede crecer con edificios de entre una y tres plantas, o de siete o más, asegura el ingeniero Gelman Taleno, de la Dirección de Urbanismo del Ministerio de Transporte e Infraestructura (MTI),  tomando en cuenta la ubicación de las fallas de la capital.

“El mundo está sobrepoblándose, y, por ejemplo, en Managua tenemos 18 fallas si corremos al oeste o el este. Siempre vamos a tener una falla a la orilla, lo lógico es que todas las construcciones de Managua sean antisísmicas, como muchas ciudades”, afirma Taleno.

Dionisio Rodríguez, del Cigeo, es categórico al afirmar que no es necesario trasladar la ciudad a otro sitio, ya que hay muchas ciudades en el mundo que no tienen otra opción más que construir infraestructuras de mejor calidad, como Tokio, Los Ángeles, San Francisco, Santiago de Chile y otras ciudades que tienen que convivir con la posibilidad de un terremoto.

 

¿Qué hacer?
Solucionar la vulnerabilidad de la capital no es tan sencillo, debido a que no existe un plan de ordenamiento territorial diseñado desde el punto de vista de enfrentar los problemas que padece, como inundaciones y riesgos sísmicos, principalmente.

Durante la administración del alcalde Herty Lewites se elaboró el Plan General de Desarrollo Municipal para Managua. Era un plan diseñado para 10 años y apuntaba al desarrollo urbanístico de la capital.

 

La debilidad de ambos proyectos, según especialistas, es que no apuntaban a resolver el grave problema de la vulnerabilidad. “La naturaleza no la podemos cambiar. Tampoco podemos dejar las áreas despobladas, sino que hay que estudiar el comportamiento de la naturaleza y respetar su comportamiento mismo… nosotros hacemos todo lo contrario. Sabemos que está el problema allí, estamos irrespetando la naturaleza y no hacemos nada por prevenir eso o por remediarlo”, afirma Dionisio Rodríguez, del Cigeo.

En realidad, según Rodríguez, los planes de ordenamiento han tenido una orientación urbanística, pero no de prevención del riesgo como tal. Por ejemplo, pobladores entrevistados para este trabajo, afectados por las  inundaciones de 2010,  han señalado que llegaron a los lugares de riesgo como la costa del Lago de Managua una vez que las aguas bajaron o cuando la gente de los cauces fue evacuada a lugares más seguros.


Los recurrentes damnificados
En Managua hay un problema recurrente: los constantes damnificados de orillas del Xolotlán y de los cauces. La lista de medidas para reducir la vulnerabilidad de la capital debería encabezarse con él, y debería evitarse la ubicación, o más bien, la reubicación de gente en estos sitios.

A finales del recién pasado septiembre, el presidente Daniel Ortega afirmó que las zonas costeras del lago Xolotlán serían declaradas inhabitables, dado el alto riesgo al que está expuesta la población. Una propuesta cuya aplicabilidad está por verse, ya que repite la misma advertencia de administraciones anteriores.
Para el general Mario Perezcassar, jefe de la Defensa Civil, éste debe ser un esfuerzo interinstitucional, y en el mismo las autoridades deben buscar opciones para la población que se encuentra en la zona, y evitar que nuevas familias se asienten en los lugares que son afectados.

“La Policía Nacional va a jugar un papel importante y su función será total para lograr que esa disposición se respete. También es importante que, de alguna forma, los líderes comunitarios se empoderen del problema, y estén listos a ver que apenas aparezca la primera champa, tienen que desaparecer… no podemos permitir empezar de nuevo”, recomendó el jefe de la defensa civil.

Las opciones
Hay diferentes propuestas para Managua
No construir sobre fallas. Es por eso que es importante identificar cuáles son y hasta qué distancia se pueden construir. Esto permitirá definir el tipo de construcción.

Construir edificios de entre uno y tres pisos, o de siete o más, es importante, señala el ingeniero Gelman Taleno, del MTI, al tiempo que insiste en tomar en cuenta la supervisión y la calidad de materiales.
No se debe permitir que la población vuelva a asentarse en la zona costera del Lago de Managua, propensa a inundaciones, ni a orillas de los cauces.

Embalsar el Lago de Managua y evacuar sus aguas. Esto permitirá mantener controlado el nivel de mismo, y sus aguas podrían ser utilizadas para riego, sostiene el ingeniero Efraín Jerez.

Rescatar la zona verde de la subcuenca sur de la capital donde también se han establecido una serie urbanizaciones y se ha cambiado la vocación de las tierras, según afirma el ecologista Kamilo Lara.

Profundizar el trabajo de revestimiento de los cauces y evitar que se continúe construyendo a sus orillas.

Trabajar en el mantenimiento de las presas y micropresas de la capital para contener las corrientes que bajan desde lo alto hasta la capital, provocando las inundaciones.