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“Recuerdo que en mis inicios, mi mamá me decía que si empezaba a estudiar Odontología iba a quedar a medio palo por el costo de la carrera, del equipo y del material a utilizar. Algunas veces yo también me decía: ¿y si quedo a medio palo? …pero tenía fe y  seguridad que no iba a ser así”
En la ciudad de Masaya está ubicado el “Hogar de adultos mayores, San Antonio”. Allí encontramos a la doctora Thania López, “culpable” de haber desafiado a familiares, amigos y vecinos, en una apuesta por lograr lo que para muchos parecía imposible: graduarse y ejercer la profesión de odontóloga… o dientóloga, como tal vez le digan muchos de sus pacientes.
Muy cerca del consultorio, una silla plástica sostiene una pizarrita en donde se lee lo siguiente:

Limpieza dental:    C$200.00                 
Restauraciones
de amalgama:    C$150.00
Extracciones:    C$110.00
Restauraciones
de porcelana:     C$200.00

Como podemos deducir, el marketing de la doctora López Contreras es bien sencillo, como sencillo es el segmento de las personas de la tercera edad que viven en el hogar del adulto mayor. Pero ella también recibe la visita de personas que viven más allá de las paredes de aquel tranquilo recinto y no pueden pagar un tratamiento odontológico en otras clínicas. Llegan porque un paciente satisfecho la recomienda. Así de efectiva es la referencia; el boca a boca o boca-oído, como usted prefiera llamarle.

Hacinamiento, miedos y otros fantasmas del estudiante pobre
Desde los 16 años, Thania decidió que estudiaría Odontología. Siempre fue aplicada en sus clases, y gracias a ello recibió una beca en dinero del Ministerio de Salud   y otra beca interna de la UNAN León, con las cuales solventaba los gastos arancelarios y  se garantizaba la estadía y alimentación.

 “… con su impermeable amarillo sus cosas en un hatillo y cantando quiero ser feliz…” Mientras escucho la letra de esa canción Joan Manuel Serrat, imagino el día que Thania salió de su Masaya natal, con unas pocas cosas, pero contenta de viajar para cumplir su sueño.

“Uno como estudiante tiene desafíos; para estudiar yo me quedaba fuera de los cuartos porque el aire corría más, me concentraba rápido y recuerdo que una vez escuche que alguien estaba gritando, yo tenía miedito porque los alrededores no estaban seguros, cualquiera podía entrar… Yo sólo escuchaba unos pasos de gente que corría, sentía nervio, empecé a gritar y entré a mi cuarto…

Realmente lo que pasó era que un hombre había entrado  y estaba persiguiendo a una muchacha, habían también varones internos y junto con el CPF, siguieron al hombre, gracias a Dios que no pasó nada”.
Su estancia fue difícil porque le tocaba compartir cuarto con otras 30 estudiantes, lidiar con caracteres de las personas es complicado, y al inicio se le hacia difícil integrarse al grupo… ”Con la beca que me daba el Minsa podía alquilar otro local, mis amigas me decían que buscáramos una casa, pero yo decía, ese dinero mejor lo ahorro”.

Mundo  profesional-laboral
Su primer debut laboral consistió en hacer servicio voluntario como asistente en el hogar de adultos mayores “San Antonio”, en Masaya, y por una de esas casualidades afortunadas del destino, las doctoras encargadas del centro se fueron del país y gracias al desempeño de sus labores como asistente logró quedarse atendiendo en el dispensario. El desafío más grande fue lograr hacerse de sus propios pacientes y que ellos se sintieran satisfechos de la calidad de su trabajo.

Las metas concretas son un buen norte
Thania siempre soñó con tener su propia clínica. Con grandes sacrificios ahorró durante cinco años 3,000 dólares, los que destinó a la compra de equipo clínico. Fue gracias a su bien cimentada cultura de ahorro que logro comprar el equipo necesario para iniciar.

“Yo pensé, ¿adónde voy a ubicar mi clínica?, estaba en duda entre Nandasmo y Niquinohomo, dos pueblos cercanos a Masaya, pero pensé que Niquinohomo era más concurrido, había más gente, además es más grande. Me decidí por ese lugar”.

Hoy con parte de sus metas cumplidas, porque asegura tener muchas más, atiende en dos locales; por la mañana en la casa-hogar de ancianos en Masaya, y por las tardes atiende en su propia clínica ubicada en Niquinohomo, donde asegura estar satisfecha con la respuesta de la gente.

 

El primer paciente
“Es difícil establecer la confianza cuando  se abre campo  en un  nuevo pueblo. Al inicio pasé como un mes esperando a mi primer cliente, pero tuve paciencia. Debía esperar hasta que llegara. Mientras tanto ofrecía promociones, incluso las pasamos por la radio”. Su primer paciente se llamaba Mario. ¡Llegó de pronto, sin cita! Jamás se olvidará ese momento.

Consciente del valor que tiene labrarse un sólido prestigio, se dedicó a atender a sus pacientes con todo el esmero que era posible, de esa manera las pocas personas que llegaban, en esos inicios la recomendarían con otras. Así logró conseguir el gran listado de pacientes que atiende a diario.

A sus 28 años dice sentirse realizada, tanto en lo profesional, espiritual y emocional. Como esposa y profesional, trata de organizar su tiempo para tener un equilibrio. Asegura que esa es la clave fundamental para lograr en triunfo en la vida, y mantener el éxito, tanto en su familia como en su profesión.

¿Cómo puede resumir lo vivido a la fecha?
El recorrido hacia las metas propuestas, requieren pasar por un sinnúmero de dificultades, riesgos y sacrificios, pero todo al final tiene su recompensa. Mis mejores aliados son la perseverancia, paciencia y el ahorro. Las penurias por las que muchas veces pasa la gente para alcanzar algo, son las que le dan sabor a las victorias. No se disfrutaría de igual manera si se obtienen  de forma fácil.