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Rosario es una mujer de 62 años que ha visitado varios médicos por su enfermedad, tiene antecedentes familiares de cáncer de pulmón e Insomnio por parte paterna, su madre sufre de hipertensión arterial. La paciente sufre de trastornos digestivos, dolores de cabeza ocasionales. Ha sido histerectomizada a los 50 años.    

Desde hace aproximadamente un año, viene refiriendo parestesias (sensaciones anormales), disestesias (sensaciones anormales desagradables) y dolor en las extremidades inferiores, predominio distal. Estas alteraciones suelen comenzar por la tarde y se suelen prolongar toda la noche, hecho que impide conciliar el sueño. También se asocia la necesidad imperiosa de mover las piernas y en ocasiones siente unas sacudidas nocturnas que la despiertan y que no le permiten tener un sueño reparador.

Por esta razón, ha acudido a visitar varios médicos sin que hasta el momento le hayan ayudado en su problema. En principio, la paciente fue diagnosticada como un caso de insomnio, luego se le dijo que tenía un cuadro depresivo-ansioso, después le diagnosticaron artritis, luego calambres musculares hasta que finalmente le dijeron que tenía el “Síndrome de las Piernas Inquietas”.

¿Qué es el síndrome de las piernas inquietas?
El SPI, ó Síndrome de las Piernas Inquietas, es un trastorno neurológico caracterizado por sensaciones de- sagradables en las piernas y un impulso incontrolable de moverse cuando se está descansando.

Las personas a menudo describen las sensaciones del SPI, calor extremo (quemaduras), como si algo les “jalara” o se deslizara o de insectos trepando por el interior de sus piernas. Estas sensaciones a menudo son llamadas parestesias (sensaciones anormales) o disestesias (sensaciones anormales desagradables), varían en gravedad, en malestar e irritación así como en la intensidad del dolor.

Un aspecto distintivo de este trastorno es que los síntomas son activados por el hecho de acostarse y tratar de relajarse. Como resultado la mayoría de las personas que sufren SPI tienen dificultad de conciliar el sueño. Si no se trata el trastorno, provoca agotamiento y fatiga durante el día, muchas de estas personas tienen problemas en su trabajo, en sus relaciones personales y en sus actividades diarias a causa del cansancio. A menudo no se pueden concentrar, tiene alteraciones de memoria o fallas en el cumplimiento de sus tareas diarias.

Se estima que este síndrome afecta a unos 12 millones de personas; sin embargo, otros piensan que su incidencia es mayor, se cree que el SPI en algunos casos  no se diagnostica, o su diagnóstico se practica de manera incorrecta. Algunas personas que padecen de este síndrome, no buscan atención médica pensando que no se les tomará en serio, o que sus síntomas son muy leves, o que su problema no es tratable. Algunos médicos por su parte, equivocadamente atribuyen los síntomas a nerviosismo, insomnio, estrés, artritis, etc.

El SPI, se presenta en ambos sexos, con una incidencia mayor en las mujeres, aunque esta enfermedad puede iniciar a cualquier edad, tan temprano como en la infancia, en la mayoría de los casos los afectados son personas de edad media o mayores como es el caso de Rosario, la severidad del trastorno parece aumentar con la edad. Los pacientes mayores sufren los síntomas con más frecuencia y durante períodos de tiempo más largos.

¿Cuáles son las señales y los síntomas del SPI?
Como describí anteriormente las personas con SPI sienten sensaciones muy incómodas en sus piernas especialmente cuando están sentadas o acostadas éstas se acompañan por un impulso irresistible de movimiento.

Estas sensaciones generalmente ocurren muy adentro de la pierna, entre la rodilla y el tobillo con menos frecuencia en los pies, en los muslos, los brazos y las manos. Aunque las sensaciones puedan ocurrir solamente en un lado del cuerpo suceden a menudo en ambos lados.

Los pacientes al mover las piernas o las otras partes afectadas del cuerpo suelen aliviar la incomodidad que sienten. Estos pacientes a menudo van y vienen de un lado a otro, mueven continuamente sus piernas mientras están sentados o se viran en la cama, ellos tratan de mantener sus piernas en movimiento para minimizar o prevenir las sensaciones.

La mayoría de las personas con SPI, sienten que los síntomas se padecen menos durante el día y se pronuncian más en la noche, especialmente cuando inicia el proceso del sueño y  la persona se encuentra en inactividad; en muchos de los pacientes los síntomas desaparecen en horas de la madrugada permitiéndoles un sueño más reparador a esta hora.

De igual manera los síntomas se pueden presentar durante viajes prolongados en avión o en automóvil, al estar sentados en el cine, inmovilizados por fracturas o durante ejercicios de relajación, pues como ya se explicaba suelen presentarse en períodos de inactividad.

Los síntomas del SPI, varían de una persona a otra, en rango de  severidad y tiempo de duración. Cuando el síndrome es leve los síntomas aparecen esporádicamente y con sólo una interrupción ligera al inicio del proceso de sueño y con muy poca incomodidad. En los casos moderados los síntomas se presentan una o dos veces por semana, pero producen una demora significativa en el proceso que lleva a conciliar el sueño. En los casos severos los síntomas ocurren más de dos veces a la semana y producen una interrupción severa del proceso del sueño y deterioro considerable del funcionamiento del paciente durante las horas diurnas.   

 

Posibles causas del Síndrome de Piernas Inquietas

En algunos casos, el SPI parece estar relacionado a los siguientes factores o condiciones, aunque los investigadores aún no saben si estos factores realmente causan el síndrome.

Las personas con niveles bajos de hierro o con anemia pueden tener una tendencia a desarrollar el RLS. Una vez que se hayan corregido los niveles de hierro o la anemia, los pacientes pueden ver una disminución en los síntomas.

Las enfermedades crónicas como el fallo renal, la diabetes, la enfermedad de Parkinson, y la neuropatía periférica están asociadas con el SPI. Cuando se trata la enfermedad principal a menudo se obtiene un alivio de los síntomas del SPI.

Algunas mujeres embarazadas sufren de SPI, especialmente en su último trimestre. En la mayoría de estas mujeres, los síntomas generalmente desaparecen a las 4 semanas del parto.

Algunos medicamentos --como las drogas para prevenir la náusea (proclorperazina o metoclopramide), las convulsiones (fenitoin o droperidol), las antipsicóticas (haloperidol o derivados de la fenotiazina), y algunos medicamentos para el catarro o las alergias-- pueden agravar los síntomas. Los pacientes pueden consultar con su médico sobre la posibilidad de cambiar los medicamentos.

Los investigadores también han descubierto que la cafeína, el alcohol, y el tabaco pueden agravar o provocar los síntomas en los pacientes con predisposición a desarrollar el SPI. Algunos estudios han mostrado que una reducción o la eliminación total de tales sustancias puede aliviar los síntomas, aunque no está claro si la eliminación de estas sustancias puede evitar que los síntomas del RLS ocurran del todo.
 
¿Cuál es el pronóstico?
Generalmente, el SPI es una enfermedad que dura toda la vida y que no tiene cura. Los síntomas pueden empeorarse gradualmente con la edad, aunque más lentamente para aquellos con la forma idiopática del SPI que para los pacientes que también sufren de alguna afección médica asociada. No obstante, las terapias actuales pueden controlar el trastorno, disminuyendo los síntomas y aumentando los períodos de sueño reparador. Además, algunos pacientes tienen remisiones --período en que los síntomas disminuyen o desaparecen por días, semanas o meses--, aunque los síntomas generalmente reaparecen eventualmente. Un diagnóstico de SPI no significa el comienzo de otra enfermedad neurológica.

 

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