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Pasó seis años entre delicados archivos amarillentos de los periódicos nicaragüenses del siglo XIX, entre el polvo de archivos, revistas, documentos históricos, mapas y haciendo prácticamente un centenar de entrevistas, todo para recrear la llegada a nuestro país del llamado --en sus inicios-- “invento del demonio”, y que hoy es a nivel mundial una de las empresas más fructíferas.


En una edad muy ligada a otros intereses, la joven Karly Gaitán Morales no cejó en su meta personal. Dedicó días y noches impulsada por su pasión y por su profesión, a desentrañar un aspecto de la historia nacional en la cual nunca nadie había llegado tan lejos: la introducción del cinematógrafo e investigación de la producción cinematográfica nacional desde inicios del siglo antepasado.
El resultado es “A la conquista de un sueño: Una biografía del cine en Nicaragua”, con supervisión y edición de Sergio Ramírez Mercado.  

Desde 1899

END: Karly, explicanos sobre qué sorpresas trae tu trabajo a la historia del cine de Nicaragua.

KGM: El libro es la historia del cine “en” Nicaragua, que es muy diferente a decir la historia del cine “de” Nicaragua. Mi libro abarca desde 1899 --con la llegada del primer cinematógrafo a Managua-- a 2010, con la aprobación de la Ley 723 de Cinematografía y de las artes visuales. Al libro lo he titulado “A la conquista de un sueño: Una biografía del cine en Nicaragua”. A pesar de que el cine no es una persona, a esto lo llamo biografía, pues planteo la historia por partes, desde su gestación, nacimiento, desarrollo y apogeo. Esto toma más sentido para el lector en el capítulo “Rumbo a la conquista de un sueño”, en el que se describe todo lo que pasó en Nicaragua a finales de los años 70, y lo que pasó mucha gente para que pudiera existir un cine nacional. En el libro, a lo largo de sus páginas, llevo muchos descubrimientos que vienen a romper con información histórica sobre el cine en Nicaragua. Por décadas se han venido repitiendo datos erróneos, al punto de que actualmente se toman como una verdad. Para no continuar con esos errores, todos los datos en mi libro son verificables, detrás hay fuente bibliográfica documental seria, de rigor, con fechas específicas.

Entonces, este invento de la alta tecnología del siglo XIX vino Managua a cuatro años de haberse inventado el cinematógrafo. En esa época, Managua  tenía 24 años de fundada como capital.

Sí. Antes de esto no hay archivos de la presentación del cinematógrafo, más allá no hay periódicos, documentos o cartas que hablen de esto. Así he adoptado esa fecha. Hay recortes de periódicos del diario El Comercio, y de otro llamado El Diario de Nicaragua, que era el órgano oficial gubernamental del presidente José Santos Zelaya. También ahí encontré publicaciones de cuando se hizo la primera proyección.

En 1899 vino el cinematógrafo, ¿pero cuándo se hizo la proyección?
Al Teatro Castaño llegaban coros, ópera, obras teatrales, musicales, y la Banda de los Supremos Poderes hacía presentaciones los domingos por la tarde. Este era el punto central capitalino, porque no había otros lugares con condiciones, por eso era el lugar de reunión para actividades tanto culturales como políticas. Ese fue el escenario para la primera presentación fílmica en enero de 1900. Era un corto sin argumento, con imágenes de la vida cotidiana o escenas al natural.

Contado como película
¿Cómo lograste establecer esto?
Trabajé con mapas de ferrocarriles, con los del recorrido del Vapor Victoria, con los periódicos, libros de historia, testimonios, monografías y las entrevistas. No es que comience: “En 1899…” y de ahí arranco con el libro. Este libro no es una simple cronología de fechas, hago un análisis de procesos históricos y un estudio del comportamiento de la sociedad, pero narrado a manera de novela, es decir, es un libro serio con fuentes serias y rigurosas, es una obra de ensayo y de investigación, pero tiene estructura narrativa, ha quedado diferente.

¿Qué podés comentarnos de la influencia del cine en Nicaragua?
Así comienzo a partir de 1893. Narro cómo era la vida cotidiana cultural nicaragüense antes de la llegada del cine, y cómo fue que el cine la cambió. Cómo influyó en la moda desde los años 10, pero principalmente cómo el cine cambió en la gente la manera de ver el mundo, llevándote de la actividad muy provincial local, a Nueva York, a las grandes capitales europeas y asiáticas. La gente ya no solo leía o miraba los mapas, también se dio cuenta, en realidad, cómo era el mundo, todo reflejado en una pantalla que  entonces podía ser una sábana o el muro pintado en blanco en un patio. Esta sorpresa no sería rara en los nicaragüenses, pues según los archivos microfilmados de la primera presentación cinematográfica en París, Francia, hubo mucho asombro dejando grandes titulares. La gente estaba acostumbrada a la pintura y a la fotografía. Viendo las imágenes congeladas. De pronto, te encontrás con imágenes en movimiento.

Tres centavos de
plata para 5 minutos

¿Qué representó el cine para el nicaragüense de principios de siglo?
Esto fue un proceso. Aunque la primera proyección fue en un teatro con condiciones y la gente se vestía de traje elegante para la importante ocasión. Los primeros espectadores fueron de clase alta y media. Los políticos se impresionaron tanto y vieron su ventaja, que hasta financiaban a los empresarios que se formaron como consorcios de las primeras salas de cine. Estas eran muy fáciles de montar: te buscabas un patio amplio, se ponía una sábana, un montón de asientos, y cobrabas la entrada que costaba tres centavos del entonces Peso Plata en la taquilla. Esta era una casetita de madera igual que en los circos. Así el cinematógrafo se popularizó en las ferias, en las fiestas patronales. La evidencia está en los periódicos y en sus anuncios. Entrabas y eran cinco minutos de cine y salías a ver los toros. Era parte de la diversión y sólo una curiosidad. En otros locales ibas a ver teatro, pero antes veías diez minutos de película. Después fue que comenzaron a acondicionarse lugares especialmente para el cinematógrafo, como el Teatro Municipal de León; en Granada fue en el Club de Leones; en Managua estaba el Teatro San Jacinto, pero se tuvo que construir un local para el cinematógrafo. Ese fue el Cine San Jacinto, inaugurado en 1909.

¿Cómo has estructurado toda la historia para un libro de perfil histórico?
Pues igual que una novela, una cosa te va llevando a otra. Terminando un capítulo dejo al lector con curiosidad de lo que ocurrirá en el siguiente. Sergio Ramírez, que es el editor literario de mi libro, escribió un texto para la contraportada, y valoró que está escrito con un estilo narrativo que más se siente como una novela histórica, que como un libro de historia. Antes de ser periodista escribía cuentos y estaba entre el accionar literario, actualmente trato de hacer mi estilo narrativo, y muchos de los artículos que he publicado son como contando un cuento, aunque la  información que expreso sea seria, de investigación.

Continuando con la temática del libro, hablame de las primeras producciones nacionales.
Lo conocido hasta ahora es que en Nicaragua las primeras producciones “Rapto al Sol” y “La llamada de la  muerte” las hicieron unos mexicanos en los años 50. Luego salta hasta finales de los 60 con el “boom” cultural, con una cultura más “cerebral” por los cambios en la sociedad nicaragüense, y de ahí llegó el cine con una pequeña producción experimental en 1973, y hubo verdadero cine hasta 1979 con la fundación de Incine. Eso es lo que se conoce y lo que se ha dicho, como ves, se puede resumir en unas cuantas líneas. Pero no todo es cierto, eso no es realmente así. Adolfo Díaz, un cubano que vino a Nicaragua, era realizador de cine aquí en los años 20. Se le conoce más como fotógrafo, pero también era realizador de cine con sus documentales, y fue quien documentó la toma presidencial a José María Moncada; también hizo el documental de la develización del monumento a Rubén Darío, inaugurado en 1933. Filmaba para diversos clientes durante esa época y esas obras eran nicaragüenses, era cine nacional, cine documental. También Díaz fue el director de la primera Academia Nicaragüense de Cine, además de director de la primera Asociación de Empresarios de Cine. Así que ahora, que vengan a decir que los nicaragüenses comenzaron a trabajar en este arte hasta inicios de los 70, no es lógico, a inicios de los años 30 hay registros de documentos que confirman que se realizaba cine en Nicaragua, por nicaragüenses.

 

“El nandaimeño”, un largometraje
Hablando de esto, ¿se trata de producción o de distribución?
La primera película de ficción realizada en Nicaragua se llama “El nandaimeño”, en 1957. La hizo el dramaturgo y teatrista Benjamín Zapata, familia de Camilo Zapata. Era un largometraje de ficción y totalmente nicaragüense, con producción y fondos nicaragüenses, aunque revelado y editado en Alemania, pues aquí no había laboratorios. Este largometraje con un guión bastante complejo, con duración de 123 minutos, se presentó en La Casa del Obrero, en 1960. Siempre me pareció absurdo a pesar de que después de tantos años de cine, fuera hasta en los años 80 que se hizo el primer largometraje de ficción nicaragüense. Hay mucha producción, lo que pasa es que está olvidada, pero no podemos creer que solo lo que nos presentan y vemos es lo que existe.

¿Qué hay del nacimiento de Incine como impulsor del cine nacional en los 80?
Muchos hablan de que el cine nacional existe por el apoyo de Cuba, de México y de internacionalistas a inicios de los años 80, pero la cosa no fue tan fácil, y no fue hasta en los 80 que eso pasó, sino hacia finales de los años 70, y la idea vino de Herty Lewites en el Frente Sur durante la insurrección. Según las entrevistas obtenidas, en su momento él dijo: “¿Por qué no conseguimos unas cámaras y mandamos a un grupo de cineastas para que se vean los combates y lo lanzamos al cine?” Él era un fanático de la divulgación y prensa. Le encantaba tomar fotos y enviarlas a los medios de comunicación y a los comités de solidaridad en ese entonces. A él lo secundó el cineasta Diego de la Texera, de Puerto Rico, y entre ambos compraron una cámara en Los Ángeles, la enviaron a San José, Costa Rica, para luego mandarla al Frente Sur. Tiempo después le dieron la importancia apropiada, y enviaron los documentales a los festivales internacionales como una muestra de la situación de la guerra en Nicaragua. Fruto de esto fue la cinta “Patria Libre o Morir”.
Después fue la creación de Incine, que nació como el Instituto Sandinista de Cine Nicaragüense, en julio de 1979 --luego se le denominó simplemente Instituto Nicaragüense de Cine--, en agosto de ese mismo año, entre tantas otras etapas de la narración del libro “A la conquista de un sueño”, que está en su proceso final de publicación en CINEX Editorial, y promete mucho para los lectores, como un importante aporte a la historia nacional, al bagaje y al patrimonio cultural de los nicaragüenses.