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Un empresario que ya no nos acompaña en este mundo, me dijo una vez: “Es más difícil encontrar un buen socio que una buena esposa”. Lo dijo y él era socio en varias empresas. Sus razones tenía. Dada la importancia y lo controversial del tema, conoceremos varias experiencias actuales, y de ellas procuraremos sacar nuestras conclusiones. Vamos con la primera.

Madre ya no quiero estudiar en el gallinero
Acababa de aprobar el sexto grado, cuando William Javier Ramírez dijo esas palabras a su progenitora. Era la primera expresión de una inconformidad positiva que acompañaría toda la vida a este ciudadano de las Américas, colonia ubicada al oriente de nuestra capital. No quería estudiar en el gallinero, como llamaba la gente de la colonia a la desvencijada escuela local.
Después de varios intentos, su madre logró matricularlo en el Instituto “Manuel Olivares”. “En mi mente de niño, me iba de un colegio público feíto a un colegio público bonito”.

Contador por casualidad
Inició estudios de contabilidad y aunque no era lo que buscaba, poco a poco le fue “agarrando el gusto”, hasta graduarse de técnico medio a los 17 años de edad. Casi de inmediato consiguió trabajo en una pequeña empresa constructora, en la cual debutó como contador, aprendiendo las interioridades del manejo empresarial. “Cometí mis cuatro o cinco errores, lógicamente estaba empezando, lo bueno es que tuve la perspicacia de buscar a las amistades para consultarles cómo hacer las cosas”, nos dijo sonriendo como quien hizo una travesura sin importancia. Ganaba dos mil quinientos córdobas.

Y la vida siguió.  Se cambió de empresa y comenzó a ganar cinco mil córdobas; apoyó la construcción de la casita de su mamá; se fue de contador a una agencia de viajes ganando más; se cambió a vendedor de la misma agencia; volvió a ganar más; se compró un auto; llegó a generar el 50% de las ventas; pidió mayores ingresos, se los negaron y… ¡zaz! Así comienza a invadirlo la sensación de estar hecho para volar por su propia cuenta.

Tropezó tres veces con piedras parecidas
Como suele suceder en el mundo laboral, William conoció a un extranjero al que le gustó la idea  de montar una agencia de viajes. “Yo tengo el dinero y vos tenés conocimiento, juntémonos y armemos la agencia de viaje”. Así inició la primera aventura societaria.

¿Cómo fue esa experiencia?
Al inicio todo color de rosa, pero mi socio tenía el 85% de la sociedad, él tenía el mando de todo. Prácticamente me volví empleado de él, yo tenía que pedir autorización para todo. Daba ideas y a él no le parecían porque él venía de un mundo totalmente diferente. Allí empezamos a chocar, pasaron los primeros dos meses y la producción era cero porque nunca logramos vender. No funcionó.

Hablemos de tu segundo intento
En ese tiempo me aparece una persona que no me pide absolutamente nada de dinero. Él ya tiene montado todo, sólo para que William llegue a sentarse a trabajar. Es una persona reconocida en el ámbito nacional, con mucho dinero, con influencias,  además que era mi cliente.

Me gustó mucho la idea, pero cometí graves errores, entre ellos, el hacer acuerdos verbales. Él me había dicho que iba a ser yo quien iba a mangonear el proyecto, pero después me puso a su esposa. “Vos sos quien te encargás de las ventas y todo lo demás, pero ella es quien manda”.

Trabajé un año  y produje en esa empresa lo que ellos nunca habían producido. No devengaba ningún salario porque era socio, yo vivía de mis ahorros. Habíamos hecho un trato que era 50% de las ganancias para ellos y 50% para mí. Pero ellos empezaron a invertir el dinero de la agencia en otros de sus negocios.

Terminado el año, pido mi parte de las ganancias, ellos pegan el grito, y dicen ¿pero dónde está ese dinero? ¿Si te debemos esa cantidad, porque no está en la cuenta? Vamos a hacer una evaluación para ver qué pasó.

Es la fecha y estoy esperando la bendita evaluación. Este señor me dijo, si querés nos vamos a juicio yo tengo mis abogados, vos podés poner los tuyos, no tenemos nada firmado sólo es tu palabra contra la mía.

Todo indica que te gusta buscar socios y lo volviste a intentar
En enero del año pasado hice mi tercer intento con tres personas de mi mismo nivel económico. Todo comenzó bonito, yo era el presidente, pero al ser cuatro los empleados de la empresa, acordamos que toda decisión que se tomara por más mínima que fuera iba a ser aprobada por los cuatro. Lógicamente en un negocio nunca cuatro personas van a estar de acuerdo en todo. Dio la “casualidad”, que todo lo que yo proponía nunca era aprobado.

La sociedad funcionaba de tal forma, que compartíamos los gastos, pero lo que cada quien vendía era de él. Un mal acuerdo porque al final no trabajábamos como sociedad, cada quien se defendía como podía, entonces se comenzó a dar un desorden.

Mi amigo tomó bando con otro socio y un día que llegué me informaron que se había decidido que William Ramírez salía de la sociedad.  Fue un momento  difícil porque nunca pensé que un amigo me tiraría a la calle. De esa sociedad lo único que recuperé fue mi inversión de USD$1,500.00

¿Es ese el punto de partida para WR Travel?
Efectivamente. Una buena amiga, que me dijo: William, ¿de qué te estás preocupando, tenés una buena cartera de clientes y una buena proveedora que te está abriendo las puertas. Tenés lo primordial para empezar tu negocio, tomá esto como una oportunidad”.

Ese mismo día me entrevisté con el jefe de mi amiga quien me dio todo su apoyo. Después me inscribí en la DGI como persona natural y en tres meses yo tenía toda mi parte legal arreglada.

¿Con que capital iniciaste?
Empecé con USD$2,500 de los cuales USD$1,500 eran míos y USD$1,000 eran prestados. Yo estaba en este módulo vacío el 7 de septiembre de 2010. Mi primer cliente que me visitó aquí fue doña Ana María Amador. Mi clientela fue un gran apoyo, siempre tuve mi cartera de clientes leales. Ellos me recomendaban a otro cliente y fue así, que de mi cartera que era de 10 hoy tengo 60 clientes.

Un consejo para la gente de este país que muchas veces cree que no hay oportunidades
Quien va a tener éxito, lo tendrá aquí o en el extranjero, y es mejor que lo haga en el país, que no tengan miedo. Por  ejemplo, yo me pude haber quedado con lo que me dijo mi último jefe “la calle está dura”, pero me armé de valor y hoy día yo significo ingresos para otras cuatro personas en este país.

¿Es bueno o es malo tener socios?
Risas. Creo que encontrar un buen socio es difícil, si lo podés hacer solo es mejor, así no perdés ni plata, ni amigos.