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El Departamento de Deportes y de Salud de la Universidad británica de Exter ha puesto en marcha una experiencia de entrenamiento de ojos ("Quiet-Eye Training") para tratar de mejorar científicamente las opciones de ganar una tanda de penales en el fútbol.

Su selección nacional, la Inglaterra de Roy Hodgson, volvió a hundirse paradójicamente en un gran torneo en los lanzamientos desde los once metros, el domingo en Kiev ante Italia (4-2 tras empate 0-0), en los cuartos de final de la Eurocopa-2012.

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Las tandas de penales son consideradas a menudo "una lotería" y el técnico italiano Cesare Prandelli afirmó, tras su éxito del domingo, que en "un 80%" interviene la suerte.

Otros entrenadores afirman que es imposible preparar una tanda así, ya que el resultado depende de la frescura y el instinto, pero Greg Wood, del departamento de Exeter, cree que también hay otras variables que intervienen.

Para él, el entrenamiento, base de concentración y de resistencia a la presión psicológica, está en la esencia de todo. Y por eso ha creado el entrenamiento de ojos, en colaboración con su colega Mark Wilson.

Ambos obligaron a jugadores de su universidad a mirar sistemáticamente, durante varias semanas, las escuadras derecha e izquierda de la portería, una y otra de manera alterna, antes de cada lanzamiento de penal.

Resultado: sus alumnos tuvieron un 50% de fallos menos que los que no habían realizado el ejercicio.

Entrenamiento permite presisión
El entrenamiento permite a los estudiantes, según Wood, ser más precisos en sus lanzamientos, en gran medida porque reduce la ansiedad y da más confianza al controlar mejor las distancias y mantener la mente ocupada en los extremos de la portería y no en el arquero.

Para Wood, el recurso último del portero en un penal, donde no tiene nada que perder (si lo para es un héroe, si no lo consigue es algo lógico), está en intentar romper la concentración del lanzador, para desestabilizarlo.

"Todo lo que un portero pueda hacer para captar la atención del lanzador (indumentaria o guantes de colores vivos, por ejemplo) va en su beneficio", explica Wood.

"Por ejemplo, cuando uno va en coche y ve algo a la izquierda, enseguida tiene tendencia a girar el volante en la misma dirección. Es increíble el número de penales tirados al centro, hacia el portero, porque éste ha tenido éxito en su intento de desestabilizar", añadió el investigador universitario.

Si el lanzador de un penal pudiera aislarse en una burbuja, con una concentración total, entonces el factor que determinaría su éxito o su fracaso sería la velocidad del tiro.

Según matemáticos de la Universidad John Moore de Liverpool, el penal perfecto debe tirarse a una velocidad comprendida entre 90 y 104 km/h. Más rápido, faltará precisión. Más lento, dará tiempo al portero a reaccionar.

A partir de ahí, los razonamientos científicos empiezan a encontrar límites.

Muecas no valieron

Joe Hart, el guardameta inglés, es lo que intentó: desestabilizar a los lanzadores italianos, intentar captar su mirada, hizo muecas, movió los brazos, trató de intimidar, pero su equipo perdió.

El italiano Gianluigi Buffon fue por su parte el héroe del partido, deteniendo un penal a Ashley Cole, con oficio y experiencia, que terminó dando el pase a su equipo.

El 'show' de Hart, además, no sirvió para poner nervioso a Andrea Pirlo, que logró marcar con un lanzamiento al estilo Panenka, a una velocidad sensiblemente menor a los 100 km/h que dictan los científicos de Exeter.

E Italia se clasificó, eliminando a Inglaterra, porque fútbol y ciencia no siempre van de la mano.