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España, al que se había criticado por su juego aburrido, despertó en el momento oportuno y goleó a Italia (4-0) en la final de la Eurocopa-2012, entrando en la historia con su tercer título consecutivo, tras haber ganado el torneo continental en 2008 y el Mundial en 2010.

Los tantos de David Silva (14), que se reivindicó después de haber pasado casi desapercibido en el Mundial-2010, y del lateral izquierdo Jordi Alba (41), la gran revelación de la Roja en esta Eurocopa, hicieron que el partido llegara casi sentenciado al descanso.

Con el título asegurado, España marcó el tercero en el minuto 84 a través de Fernando Torres, luego de una asistencia magistral de Xavi Hernández, que tras un torneo gris, despertó en la final, al haber dado también el pase de gol a Jordi Alba en el segundo tanto.

Juan Mata, que había entrado en el minuto 86, en su debut en la Eurocopa, cerró la cuenta (88), tras recibir un centro en el área de Torres.

España se convierte en el primer equipo en la historia en lograr el triplete Eurocopa-Mundial-Eurocopa de forma seguida, consiguiendo además su tercer trofeo continental (1964, 2008 y 2012), igualando a Alemania como los dos equipos con más títulos.

"El equipo ha jugado bien. Hemos controlado bien, hemos funcionado bien en la presión al contrario, en la posesión de balón. Hemos tenido oportunidades", dijo el técnico español Vicente del Bosque.

Además, España acabó con la maldición que le perseguía contra Italia, a la que no había derrotado en un partido oficial desde los Juegos Olímpicos de 1920. En la anterior Eurocopa-2008, la Roja eliminó a la Azzurra en cuartos de final en los penales (4-2) pero el resultado del partido había sido empate (0-0).

La selección de Vicente del Bosque llegaba al partido con la asignatura pendiente de recuperar el nivel de juego que había exhibido en competiciones anteriores y ese regreso al pasado pasaba por Xavi Hernández, desaparecido hasta ahora.

Con Xavi siendo el de siempre, Andrés Iniesta, Xabi Alonso, Cesc Fábregas y David Silva sólo tenían que acompañarlo. Y lo hicieron.

"El gol no es lo máximo en el fútbol, me da igual quien haga los goles. No juego para ganar Balones de Oro, sino para ser feliz y si luego la gente valora lo que hago, estupendo. Esto es único, mágico e irrepetible", dijo Iniesta, mejor jugador de la final.

Italia se vio desbordada por el torbellino español desde los primeros minutos, mientras que Andrea Pirlo, la estrella italiana, no podía desarrollar su juego.

"Creo que hemos jugado un torneo excelente y solo nos arrepentimos de no haber tenido más días de preparación antes de este partido", señaló el técnico Cesar Prandelli, quien también anunció que seguirá al frente del equipo.

El plan táctico de ayudas tejido por Del Bosque, que tan buen resultado le había dado en semifinales contra Portugal para hacer invisible a Cristiano Ronaldo, funcionó también con Pirlo.

España estaba jugando mejor que en anteriores partidos y acabó llegando el gol (14), con un pase de Andrés Iniesta a Cesc Fábregas, que tras se deshacerse de Giorgio Chielini, centró hacia atrás y David Silva cabeceó a la red.

España había obtenido un premio merecido. Andrés Iniesta mantuvo el buen nivel que ha mostrado en esta Eurocopa y se veía aliviado por la compañía de Xavi, que le había dejado demasiado solo en esta Eurocopa.

Cesc Fábregas, alternando su posición como centrocampista y falso nueve, era una continua pesadilla para los italianos.

Vicente del Bosque decidió darle otra ocasión como nueve falso, pese a las críticas que había recibido el seleccionador cuando lo puso como títular en esa posición en el debut de la Eurocopa, precisamente contra Italia (1-1).

El segundo tanto llegó en un contragolpe, bajo la batuta de Xavi, que hizo un pase adelantado a Jordi Alba y el lateral izquierdo colocó el balón a la derecha de Gianluigi Buffon cuando iniciaba la salida, colocando un demoledor 2-0 a cuatro minutos del descanso.

En el segundo tiempo, España se dedicó a administrar la ventaja ante una Italia impotente que se quedó con diez jugadores por lesión de Thiago Motta en el 61, que sufrió un tirón cinco minutos después de haber entrado en el terreno. Era el tercer cambio que hacía Cesare Prandelli.