•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • elnuevodiario.com.ni

Raúl Zurita, Premio Nacional de Literatura en Chile, insigne, polémico e intenso, se reencuentra con Nicaragua, un país que tiene doble marca para él: “la marca de la esperanza y la de la enfermedad”.

Festival de PoesíaHace doce años fue la última vez que pisó suelo nica. Estando en Managua, un hombre del que no recuerda su nombre, pero cuyas palabras atesorará para siempre, le pidió le autografiara un libro, y mientras él estampaba la dedicatoria en aquella hoja en blanco, el hombre le dijo “usted tiene Parkinson”, entre asombro y expectativa, el escritor entregó el libro a su dueño y dos meses después fue diagnosticado con ese mal.

Este ingeniero civil es de esa generación que vivió el golpe de Estado, fue de aquellos jóvenes que buscaban un Chile distinto, también hijo de los vacíos existenciales productos de la desolación de cuando se cree que no se puede más.

“Estuve preso, cuando salí quería conseguir trabajo, pero era difícil, escribía pero no porque quisiera hacerlo sino que lo hacía por desesperación. Fue casi un ejercicio de sobrevivencia, una ventana, una forma de no resignarme a lo atroz de la situación.

En ese momento tenía 23 años pero escribía desde los 16; sin embargo, escribir no era en ese momento lo que yo quería hacer. Fue hasta antes del golpe de Estado cuando lo descubrí”, aseguró.

Siempre radical y optimista, Zurita mantiene que joven y rebelde deberían ser sinónimos, aunque hay jóvenes muy viejos que pueden adoptar el ideal de lo que llaman madurez, pero en realidad solo hay dos estados en la vida: o se es joven o se es viejo, la madurez implica hacer solo lo tolerable y eso es insoportable, yo ahora soy viejo, no se puede ser joven y tener sueños o ser muy cauteloso para renunciar a ellos.

“Soy de la generación de jóvenes que éramos tipos arrasados de miedo y de belleza, porque estábamos desesperados, pero también éramos muy bellos”, aseveró.

Combinando la retrospectiva con el presente, Raúl Zurita, el hombre que varias veces castigó su cuerpo en señal de protesta, hoy dice que sí hay cosas de las que pudiera arrepentirse, pero que esas son inconfesables.

La poesía y la lucha

Sobre su poesía y aquel Chile de la dictadura, Zurita dijo que “los militares son buenos para cantar la canción nacional, pero la poesía jugó un papel preponderante en la lucha por los significados, por volver a la esencia del nombre Chile, de sus paisajes, del mar, fueron los significados que le dio la poesía al país, no los de la guerra ni de la efeméride”.

Ese hombre cuyas manifestaciones artísticas pretendían integrar y ampliar de forma crítica y creativa las diferentes concepciones de arte y vida, considera que esos significados siguen costando una vida.

Un nuevo despertar

Y después de tantas luchas, Zurita considera que “es muy doloroso que Chile no es nada de lo que yo soñéque sería si esa dictadura se terminaba, no ha sido nada de lo que pensé o imaginé.

Chile es un país insolidario, egoísta que recién ahora esté despertando de su profundo miedo, esa es la gran esperanza de las nuevas generaciones. Se están poniendo de nuevo los grandes sueños”.

Zurita, uno de los poetas más admirados en este Festival Internacional de Poesía de Granada, manifiesta que al ver que Chile está despertando tiene un sentimiento doble, “por este nuevo contexto siento enorme alegría y también tengo esa conciencia de tu propia muerte, de tu propio fin, no seré yo el que lo vea pero le deseo a los nuevos jóvenes que su triunfo sea total, que ellos conquisten las nuevas espléndidas ciudades y que esculpan sobre nosotros esas nuevas ciudades que nos fueron negadas. Deseo que puedan reencontrar sus sueños más profundos, sus vocaciones, su esperanza y su solidaridad”.

¿Valió la pena la lucha?, le pregunté, y su respuesta fue: “Sumando y restado quizás sí, pero no se logró llegar a una sociedad feliz, una sociedad justa e igualitaria”.