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vayala@elnuevodiario.com.ni

Desde el auge de las famosas redes sociales de hace menos de dos años, hemos venido advirtiendo lo peligroso que estas pueden ser si no se lleva un control mesurado sobre su uso.

Facebook requiere que los individuos tengan una edad mínima de 13 años para hacer uso de su red social; sin embargo, cualquiera puede manipular ese dato y hacerse de una cuenta.

O cualquiera puede hacer una cuenta a nombre de otro para hacer hostigamientos o denigrar a la otra persona. Es que en las redes ocurren todo tipo de hechos, desde positivos hasta los que provocan la muerte.

El último hecho conocido fue el que ocurrió en el colegio Yelba María Antúnez, de Ocotal, Nicaragua, donde el estudiante de 17 años Isaías Caleth Ponce Matey, acuchilló a Samuel de Jesús Díaz Arauz, también de 17 años, producto de rencillas que surgieron en la red social.

A este fenómeno se le llama “Ciberbullyng”, que según los expertos en psicología como Collell, J., Escudé, esta es una nueva forma de acoso o una forma perversa de relación interpersonal, porque las nuevas tecnologías han favorecido esta forma de comunicación social que ha dado paso a lo que ahora se llama como “el cuarto espacio de socialización”.

Visto el problema de Ocotal, si no hay freno este problema irá in crescendo porque los productores de estas redes, las empresas tecnológicas no pararán su desarrollo. Si tan solo revisamos esta semana la guerra descarnada por conquistar ese nicho de mercado cada vez mayor, podemos ver que: el mismo día Twitter fue valuada en 7 mil millones de dólares, Google anunció su nueva red social Google+, la cual, entre otras características, integra una función llamada Hangouts (videochat). Facebook no se quedó atrás y esta semana presentó un servicio de videollamadas vía Skype.

¿Qué significa eso? Que en la medida en que la demanda por estas tecnologías es fuerte, por regla general la competencia también lo es en la misma progresión.
Los jóvenes son los más ávidos, acuciosos, ansiosos, codiciosos de estas tecnologías. Por ejemplo, mi hijo Víktor Manuel que recién cumplió 11 años ya tiene su Facebook (bajo supervisión), porque todos sus amiguitos de colegio lo tienen. También quiere un celular que tenga todas las cualidades para socializar en Internet.

Los padres de familia y las autoridades locales y nacionales no nos podemos quedar de brazos cruzados esperando que sigan ocurriendo más casos como los de Ocotal. Venimos advirtiendo desde hace mucho tiempo las implicaciones negativas del “demasiado socializar en la red” y es hora de sentarse a ver qué se puede hacer.

Pueden leer más en: www.ciberbullying.net, http://es.wikipedia.org/wiki/Ciberacoso.