•   DAMASCO / AFP  |
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El régimen sirio está determinado, pese a las protestas internacionales, a seguir reprimiendo la revuelta, mientras que la oposición llamó a una nueva jornada de la ira este viernes contra el régimen del presidente Bashar al Asad.

En la ciudad de Deraa (sur), la situación humanitaria parece degradarse después de una ofensiva militar sin precedentes para poner fin a la sublevación.

“Las autoridades están decididas a restaurar la seguridad, la estabilidad y la tranquilidad de los ciudadanos”, declaró ayer jueves a la AFP el ministro sirio de Información, Adnan Mahmud.

“En Deraa, el ejército intervino a pedido de la población para restablecer la paz civil”, agregó.

Por su parte, los militantes de los derechos humanos dieron la alarma.

“La situación se agrava, no tenemos médicos, medicamentos ni leche para niños. La electricidad sigue cortada y tampoco tenemos agua”, afirmó Abdalá Abazid en Deraa, a 100 km al sur de Damasco, interrogado por teléfono por la AFP desde Nicosia.

La represión en Deraa costó la vida a 42 personas desde el lunes, según el “Comité de los Mártires del 14 de marzo”, vinculado a la oposición. Este comité señaló también en su sitio Internet que 502 personas murieron desde el comienzo de la insurrección, el 14 de marzo.

Por su parte, la agencia oficial SANA señaló ayer jueves que dos miembros de las fuerzas de seguridad murieron y siete fueron heridos en Deraa y Tell Kalaj, en la frontera con Líbano.

El ministro de Información dijo a la AFP que más de 50 soldados y decenas de policías murieron desde el comienzo de la sublevación y cientos fueron heridos.

ONU sin acuerdo
El miércoles, los 15 miembros del Consejo de Seguridad de la ONU no lograron ponerse de acuerdo sobre una condena a Damasco.

Francia lamentó la falta de consenso tras el bloqueo de Rusia y China, que lanzaron advertencias sobre “una injerencia exterior” que podría causar “una guerra civil”.
París espera no obstante que el Consejo de Seguridad haga “próximamente” una declaración.

Moscú pidió no obstante a Damasco castigar a los culpables de la muerte de manifestantes, mientras que Catar llamó a hacer prevalecer “la razón” y “el diálogo”.

Turquía, influyente actor regional, decidió el envío de un emisario especial para incitar al régimen a aplicar reformas.

Por su parte, el jefe de la Organización de la Conferencia Islámica (OCI), Ekmeleddin Ihsanoglu, deploró “el gran número de víctimas” y llamó a la calma.

Los “jóvenes de la revolución siria” convocaron a través de la red Facebook a una nueva jornada de la ira el viernes contra el régimen del presidente Bashar al Asad, en solidaridad con Deraa (sur), cuna de la revuelta que se inició a mediados de marzo.

Por otra parte, un portavoz de los militantes y opositores sirios radicado en Londres pidió al ejército “que defienda y proteja a los ciudadanos ante la represión brutal y las matanzas de las fuerzas de seguridad”.

Gran Bretaña decidió castigar a Damasco a su manera. El canciller británico, William Hague, anunció ayer que se retiraba la invitación enviada al embajador de Siria a la boda del príncipe William y Kate Middleton, considerándola “inaceptable” luego de la represión de las manifestaciones en ese país.