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Un simulacro de tsunami puesto en práctica por más de 34 países del Caribe y Centroamérica en marzo pasado arrojó resultados satisfactorios, según las conclusiones de un encuentro internacional sobre esos fenómenos que terminó hoy en Santo Domingo.

Sin embargo, se identificaron varias "lagunas" en el sistema de recepción y difusión de los mensajes entre los organismos competentes, de acuerdo con la VI reunión del grupo de Coordinación Intergubernamental del Sistema de Alerta contra Tsunamis en el Caribe y Regiones Adyacentes.

Una de las recomendaciones en ese sentido, apunta a "tener cuidado" con la traducción de los términos utilizados en los boletines del Centro de Tsunami del Caribe (TWC, por su sigla en inglés).

En el encuentro de tres días participaron 17 países del área y especialistas de la Comisión Oceanográfica Intergubernamental (COI), apéndice de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco).

El simulacro, realizado el 23 de marzo pasado, consistió en probar la eficacia de los dispositivos de alarma, vigilancia y aviso de todos los organismos de la región encargados de la gestión de situaciones de emergencia, para comprobar si todos los países del Caribe están listos para afrontar un tsunami eventualmente peligroso.

El 90 % de los países participantes del simulacro calificó de "claro" el contenido y el mensaje sobre el alerta de tsunami, que simuló su ocurrencia tras un terremoto de 7,6 grados en la escala de Richter con epicentro frente a las costas de Islas Vírgenes estadounidenses.

La mayoría de los 33 países y territorios caribeños que participaron del simulacro dijo identificar las zonas locales de potencial peligro para un tsunami, pero solo el 47 por ciento indicó conocer la respuesta adecuada ante la ocurrencia del fenómeno.

Expertos de los 17 países que asistieron al encuentro en Santo Domingo se trasladaron ayer hasta la comunidad dominicana de Matancitas, en la provincia María Trinidad Sánchez (noreste), donde en 1946 ocurrió un tsunami que causó unos 1.500 muertos.

Los especialistas observaron algunas evidencias del fenómeno que aún permanecen en las costas y otros lugares del poblado, y conversaron con algunos de los súpervivientes del fenómeno.