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Los pobladores de la selvática zona guatemalteca de Petén, fronteriza con México, esperan acciones drásticas de las autoridades para controlar a los narcotraficantes, tras la masacre de 27 campesinos el fin de semana a manos de sicarios del cartel mexicano Los Zetas.

La matanza, la peor desde que concluyó una guerra de 36 años en 1996, llevó al presidente Álvaro Colom a decretar un estado de sitio y enviar un contingente de cientos de policías y militares para retomar el control en la zona.

Para los pobladores el gobierno guatemalteco es co-responsable de la penetración de los carteles de las drogas, en especial el de Los Zetas.

Masacre no tiene nombre
"La masacre no tiene nombre, pero en esto también tienen culpa las autoridades porque son corruptas y no hacen nada" por erradicar a las mafias, dijo Sebastián Morales, mesero de un restaurante en el poblado de Santa Elena (cerca de la ciudad de Flores, cabecera del departamento).

"Ojalá que los operativos no vayan a durar sólo un mes porque la situación en Petén está muy difícil y el narcotráfico aleja el turismo, una fuente vital para la economía", afirmó Estuardo Mendoza, luego de que su vehículo fuera detenido para una inspección policial.

"Ya es tiempo de que las autoridades tomen cartas en el asunto, porque lo que pasó es un reflejo de la situación y se tiene que retomar el rumbo", consideró Mendoza mientras se secaba la frente debido al intenso calor que llegaba a los 34º C.

Petén, el departamento más grande
En Petén, el departamento más grande y alejado de la capital, los terratenientes poseen inmensas extensiones de tierra para ganadería y siembra de palma africana, y el turismo se ha convertido en una fuente económica para miles de pobladores pobres.

"Hay mucha preocupación y el narcotráfico necesita medidas drásticas" para enfrentarlo, estimó a su vez Jesús Claros, alcalde de San Luis, uno de los 12 poblados que integran el departamento de Petén.

Claros recordó que en diciembre pasado todos los alcaldes enviaron una misiva al mandatario para instarlo a decretar el estado de sitio en Petén, como lo había hecho en el departamento de Alta Verapaz, también fronterizo con México, para combatir a 'Los Zetas', pero la solicitud no fue acogida alegando falta de fondos.

"Petén se ha vuelto muy peligroso con la llegada de los narcos, ahora siempre se miran carros último modelo, especialmente pick ups (todo terreno) que son sospechosos", comentó Marvin Mayen, encargado de la tienda de artículos domésticos Santa Elena.

Esperan recobrar calma y paz
Con la presencia de los soldados, los pobladores esperan recobrar la calma y la paz, en contraste con lo que ocurrió durante la guerra (1960-1996), periodo en que fueron precisamente los militares quienes perpetraron decenas de masacres contra la población civil.

Ahora con el decreto del estado de sitio, el ejército coordina, planifica y conduce las operaciones, por ello estableció un 'Estado Mayor Especial' para diseñar las estrategias a implementar en los 30 días que regirá la medida de excepción, la cual puede ser prorrogada por el presidente.

Los soldados son apoyados por dos tanquetas y por automotores equipados con ametralladoras antiaéreas.

Las calles y avenidas de Santa Elena, en su mayoría de tierra y con drenajes al descubierto, lucen vacías y los comercios cerrados, contrario a lo que ocurre en la ciudad de Flores, cabecera del departamento, donde los hoteles y restaurantes estaban abiertos, aunque con pocos visitantes.