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  • EFE

Los acampados de la Puerta del Sol de Madrid han inspirado una movilización de decenas de jóvenes portugueses en la plaza del Rossio, en el corazón de Lisboa, para pedir también cambios en el sistema económico y político.

Las manifestaciones ante el consulado de España en Lisboa protagonizadas el jueves y viernes por un grupo de estudiantes españoles en solidaridad con la protesta de Sol, han dado lugar a la formación de un heterogéneo grupo dispuesto a mantener viva la protesta.

Su componente nacional es principalmente hispano-luso y se ha instalado en el Rossío tras desfilar hasta allí los miembros del grupo inicial. Su número sube y baja según las horas y los ánimos. A veces diez, a veces cien.

La noche pasada pernoctaron al raso varias decenas de manifestantes en esa plaza, junto a la emblemática estatua del Rey Dom Pedro IV, que ha amanecido envuelta en consignas a favor de una democracia más participativa y contra el sistema financiero y la precariedad laboral.

"Vamos a continuar por lo menos hasta el domingo en apoyo a la lucha de los españoles, que en el fondo es la misma que la nuestra", aseguró el portugués Joao Pestana, uno de los concentrados.

Uno de los pocos manifestantes con aspecto de superar la treintena, Pestana, de 54 años, considera la democracia lusa "falsa", y explica que ellos funcionan de forma asamblearia, con intervenciones en portugués y español, y movidos por el objetivo de "abrir los ojos" al sistema financiero y a los gobernantes.

"Tenemos que cambiar. Hay reducción de salarios. Los servicios sociales van camino de ser destruidos y privatizados. El capitalismo nos está dominando", proclama.

A pesar de que la protesta que nació ante el consulado español cuenta ahora con una mayoritaria presencia de portugueses, decenas de españoles continúan movilizados, como el barcelonés Víctor Limona, de 27 años.

"Como no podía ir a Barcelona a manifestarme, estoy aquí", declaró a Efe el joven catalán, residente en Portugal desde hace sólo dos meses.

Limona espera que hoy por la noche haya otra asamblea en la plaza del Rossío y se discuta un documento para recoger las inquietudes de los manifestantes, en su mayoría estudiantes.

Después está previsto que un grupo pernocte de nuevo en la histórica plaza, centro neurálgico de la urbe y testigo de todo tipo de acontecimientos, desde Autos de Fe de la Inquisición hasta fiestas populares y desfiles militares.

Otro español, Fran, estudiante de 20 años de las becas europeas Erasmus, se congratula de que la protesta no esté vinculada a ningún partido ni sindicato.

"Tengo esperanza de que funcione", afirma optimista, rodeado de los mensajes antisistema que adornan la concentración del Rossío.

"Solidaridad y lucha contra los Estados", "A bancos salváis, a pobres robáis" y "O te indignas o te resignas. Por un cambio real" son algunos de los letreros, en español y portugués, desplegados a los pies de la estatua del rey luso que domina la plaza.

Algunos lemas recuerdan los del movimiento espontáneo "Geracao á rasca" ("Generación en apuros"), que organizó una multitudinaria manifestación en Lisboa hace dos meses y ha promovido otras acciones de protesta en varias ciudades de Portugal.

Pero, según Pestana, este movimiento que organizaron los jóvenes a través de las redes sociales y acabó por congregar también a jubilados, padres de familia y desempleados de todas las edades, aún no se ha unido formalmente al del Rossío.

La protesta juvenil portuguesa se ha cocinado al calor de la crisis económica y social que vive Portugal, cuyo desempleo juvenil cercano al 30 % es el peor desde la instauración de la democracia con la revolución de los Claveles de 1974.

Lisboa acaba de firmar un rescate financiero internacional que le permitirá recibir 78.000 millones de euros en los próximos tres años y evitar la bancarrota, pero a cambio de un duro plan de austeridad económica y reformas laborales que la izquierda marxista y los sindicatos consideran una amenaza para el Estado social.