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Liliane Bettencourt, la mujer más rica de Francia y heredera del imperio de cosméticos L'Oreál, acusó a su hija Françoise Bettencourt-Meyers, con la que mantuvo una mediática pelea, de estar "un poco desequilibrada", en una entrevista el domingo al Journal du Dimanche (JDD).

Liliane Bettencourt, que parecía haberse reconciliado con su hija, asegura sin embargo haberse negado a recibirla en su lujosa casa, el jueves pasado, ya que "cansa recibir a alguien que está psicológicamente un poco desequilibrada".

Madre e hija se enfrentaron durante casi dos años en los tribunales a raíz de una querella presentada por ésta última contra un fotógrafo mundano y protegido de su progenitora, por "abuso de debilidad". Lo acusaba de haber recibido donaciones de su madre por 1.000 millones de euros (1.455 millones de dólares).

Las dos mujeres hicieron sin embargo las paces a fines de 2010. Ahora, Liliane Bettencourt, de 89 años, explica al JDD que su "hija no es feliz", que es "muy cambiante" y que "necesita confiarse a un psicólogo, teniendo en cuenta sus problemas psicológicos".

Estas declaraciones provocaron la reacción de Françoise Bettencourt-Meyers y de sus dos hijos, que en un comunicado transmitido a la AFP se declararon "profundamente conmocionados por las declaraciones de su madre y abuela" considerando que está "evidentemente manipulada".

Bettencourt y su hija parecen pues haber roto el pacto de reconciliación que alcanzaron a fines de 2010.

Temiendo que su madre pueda ser supuestamente manipulada y aislada, Françoise Bettencourt-Meyers acusa de "tejer una red de depredadores" al nuevo hombre de confianza de la anciana millonaria, el abogado Pascal Wilhelm, convertido el 20 de enero en su protector y encargado de administrar su fortuna.

"Sería una locura que me separe de él", afirma en la entrevista Liliane Bettencourt.

Su hija reprocha a Pascal Wilhelm haber invertido cerca de 140 millones de euros en la sociedad de una persona, Stéphane Courbit, a la que representó como abogado.

Esta inversión "en apuestas en línea" está en desacuerdo con la estrategia de la familia Bettencourt "para la que es esencial que el nombre esté asociado a una marca prestigiosa", según la demanda de Bettencourt-Meyers interpuesta ante un juez de tutelas.