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  • AFP

Los altos riesgos que enfrentan los migrantes en México llevaron al canciller de Honduras, Mario Canahuati, a "remangarse la camisa" en un recorrido esta semana por la peligrosa ruta migratoria, para identificar soluciones pragmáticas de protección a sus ciudadanos.

Cerca de 75.000 hondureños recorren anualmente el país para tratar de llegar a Estados Unidos, sorteando los peligros que implica viajar sobre el lomo de "La Bestia", un tren de carga en el que son blanco de bandas criminales que los acechan, secuestran y muchas veces los matan.

"Nos remangamos la camisa, nos quitamos el título de canciller y nos metimos como cualquier ciudadano" en lúgubres cárceles y centros de detención migratorios en los que están recluidos muchos hondureños, dijo el funcionario en una entevista con la AFP.

El gobierno de Honduras "se ha dado cuenta de que no puede seguir ni en reuniones, ni foros, ni en iniciativas, tenemos que ser pragmáticos", agregó Canahuati tras seis días de visita a cuatro estados del país, nueve municipios y entrevistas con mandos federales y estaduales.

Autoridades mexicanas ha dicho que el mayor porcentaje de migrantes indocumentados corresponde a los guatemaltecos, pero al visitar las estaciones migratorias "encontramos que la mayor parte son hondureños, especialmente los que están listos para ser repatriados", unos 20.000 al año, señala el canciller.

En un recorrido por los estados mexicanos de Tabasco (sureste), Veracruz (este), San Luis Potosí (norte) y el DF, el funcionario pudo palpar el miedo que viven sus connacionales y concluyó que la labor es "titánica".

La tarea es cómo "hacer frente al problema principal que tiene México, que es el crimen organizado", indicó.

Unos 20.000 migrantes, especialmente centroamericanos, son secuestrados cada año a su paso por México por grupos criminales vinculados con el narcotráfico para cobrar millonarios rescates a sus familias en sus países de origen o en Estados Unidos, según informes de la Comisión Nacional de Derechos Humanos.

La peor expresión de esta violencia fue la masacre, en agosto de 2010, de 72 migrantes de Guatemala, El Salvador, Honduras, Ecuador y Brasil en un rancho de Tamaulipas (noreste) a unos 160 km de la frontera con Estados Unidos.

En el viaje "hice una radiografía de la reestructura que vamos a hacer de los consulados de Honduras en México. ¡Vienen cambios!", advirtió el ministro.

El país centroamericano abrió recientemente una nueva oficina consular en Acayucan, Veracruz, sobre el Golfo de México, donde organizaciones civiles reportaron en junio que al menos 60 migrantes fueron secuestrados, sin que hasta el momento de sepa nada de ellos.

Otra oficina consular será habilitada en Tenosique, Tabasco (sureste), con lo que sumarán seis consulados hondureños en México, con el proyecto de llegar hasta 10 representaciones que cubran también el norte del país, explicó.

El funcionario planea tener un servicio telefónico permanente que mantenga contacto con los centros policiacos, en acuerdo con los gobiernos de los estados, para acceder en tiempo real a las denuncias formuladas por hondureños víctimas de delitos. El proyecto iniciará en San Luis Potosí.

Otra medida será crear un mecanismo para que los hondureños puedan reportarse a su paso por los diferentes puntos de México y proporcionar información que permita a las autoridades consulares identificar, en caso de secuestro, los lugares y fechas en los que haya ocurrido el hecho.

"El nombre de 'La Bestia' está bien puesto", dice el canciller, tras haber estado en la ruta del tren y proponer a las autoridades mexicanas "poner cámaras para ver lo que pasa" en esos parajes abandonados donde comandos fuertemente armados llegan a secuestrar a los indocumentados.

Canahuati pidió a su homóloga mexicana Patricia Espinosa, entre otras cosas, la eliminación de multas para agilizar las repatriaciones y que los hondureños sean entregados en San Pedro Sula y no en la frontera con Guatemala.

"No nos vamos convencidos de que el trabajo está hecho, no vamos a defender al gobierno mexicano", pero se trata de buscar mecanismos de agendas compartidas para minimizar la vulnerabilidad de los migrantes, concluyó.