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Las millonarias campañas de propaganda política, con fondos de origen poco claro, y vacías de contenido ideológico, "están prostituyendo la política" guatemalteca, dijo el director de Acción Ciudadana, capítulo local de Transparencia Internacional, Oscar Vázquez.

En un país con un millón de niños desnutridos, y una ola de violencia impulsada por el narcotráfico --Guatemala es la nueva ruta de la cocaína-- el gasto en campaña supera los 5 dólares por habitante, casi el doble que en Estados Unidos, según datos de Acción Ciudadana.

"Están prostituyendo la política. La gente vota por la cancioncita, por la imagen, por las vallas (publicitarias). Desde 1985 esta campaña es la más vacía de contenido. No hay un partido que diga, desde su punto de vista ideológico, qué rumbo le puede dar al país y, lo más importante, cómo", afirma Vázquez.

Además, las cifras de Acción Ciudadana muestran que los partidos violan impunemente los límites de gasto de campaña, ya de por sí bastante elevado, de 6,8 millones de dólares por agrupación.

Al 15 de julio el derechista Partido Patriota (PP) ya había excedido en 20% el tope de toda la campaña al gastar 8 millones de dólares. Y todavía faltaban los dos meses más "calientes" hasta la votación del 11 de septiembre, y otros dos meses adicionales de campaña si hubiese balotage.

El PP, que postula al general Otto Perez, acusado de violaciones a los derechos humanos y que lleva como lema "mano dura", es el que más gasta en publicidad y es favorito en las encuestas con al menos 20 puntos de ventaja sobre la oficialista Sandra Torres, de la alianza socialdemócrata UNE-GANA.

La ex primera dama Torres --se divorció para evadir la norma que impide a familiares del jefe de Estado bregar por la sucesión-- había agotado dos meses antes de la votación el 70% del gasto total. Está segunda en las encuestas y segunda también en los balances de gasto de campaña.

"En otros países el tema ideológico está más posicionado en los partidos políticos. Esto delimita una agenda de políticas públicas un poco más clara para la población. En cambio aquí la oferta es el caudillo", advierte Justo Pérez, coordinador en Acción Ciudadana del programa de gastos de campaña electoral de los partidos.

Un ejemplo típico --interviene Vázquez-- el de un candidato a una importante alcaldía, sin ninguna experiencia ni conocimiento "pero lleva como año y medio de estar invirtiendo y ahora va en segundo puesto (en la intención de voto). Y escuchas al tipo en un foro y da ganas de llorar".

El problema es que "las sanciones no están claramente definidas (...) la multa más severa es de 125 dólares, para campañas que gastan 10 millones, y las pocas sanciones que han tratado de ser impuestas por el Tribunal Supremo Electoral fueron impugnadas", acota Pérez.

La ley también estipula un tope para el dinero que reciben los partidos, y un generoso límite del 10% a los aportes individuales. Pero ambos son un ejercicio fantasioso.

"El Tribunal Supremo Electoral tiene muy pocas herramientas para hacer que el auditaje sea incisivo, para poder ir a la profundidad del gasto", agrega Pérez, quien recuerda que los encargados de esa tarea son empleados temporales.

En toda esta campaña, proyecta Vázquez, el gasto publicitario "puede subir 15 o 20% más que la elección pasada (de 2007). Eso daría 550 millones de quetzales", unos 75 millones de dólares.

Esa cifra equivale a más de 5 dólares por habitante, mientras en Estados Unidos es de 2,86, en Argentina 2,36, en México 1,34 y en Brasil 0,08, según cifras de esta ONG.

Pero además estos gastos son "una estimación conservadora, Aquí no estamos viendo publicidad de alcaldes (hay 333 alcaldías), de diputados, pautas en las radios y cables locales".

"Tampoco incluímos las gallinas y los cochinitos que (los candidatos) regalan", dice Vázquez con mezcla de ironía y resignación.