•   DAMASCO / AFP  |
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El régimen sirio, imperturbable a las presiones internacionales, envió sus tropas este jueves para reprimir la revuelta popular, matando a otros 14 civiles, al día siguiente de las revelaciones en la ONU sobre violaciones “flagrantes” de Derechos Humanos en el país.

Las nuevas sanciones impuestas por Estados Unidos y las misiones en Damasco del canciller turco y de una delegación de tres países miembros no permanentes del Consejo de Seguridad (Brasil, India y Sudáfrica) no parecen haber ablandado al régimen del presidente Bashar al Asad.

Más bien al contrario, Asad se mostró de nuevo determinado a acabar con la revuelta, si bien reconoció haber cometido “errores” en la gestión del movimiento de impugnación que se inició a mediados de marzo.

La revuelta tampoco da su brazo a torcer. Además de manifestaciones diarias durante el mes sagrado del Ramadán, los militantes convocaron, a través de la red Facebook, a una gran movilización este viernes, con el lema “No nos someteremos más que a Dios”.

Al día siguiente de la retirada de las tropas de la ciudad rebelde de Hama (norte), donde el régimen intentó acallar a la fuerza la impugnación, el ejército intervino en Quseir, en la provincia de Homs (centro), donde murieron 11 civiles, y en Saraqeb, en la provincia de Idleb (noroeste), denunciaron los militantes.

En el este del país, en Deir Ezzor, al menos tres personas murieron por los disparos de las fuerzas de seguridad y varias casas fueron incendiadas, informó el jefe del Observatorio sirio de Derechos Humanos (OSDH), Rami Abdel Rahmán.

Decenas de presos
El opositor, Hasán Zahra, un antiguo preso político de 67 años, fue detenido el miércoles en una vasta operación en la región de Salamiya (este), según el OSDH. Otras 27 personas fueron detenidas y se desconoce su paradero.

También fue detenido, el jueves en Damasco, el presidente de la Liga Siria de Derechos Humanos, Abdel Karim Rihaui, anunció a la AFP el OSDH. Gracias a la red de militantes de la Liga en el país, Rihaui se convirtió en una fuente importante de informaciones para la prensa extranjera, cuyos movimientos en el país son restringidos por las autoridades. Se desconoce dónde se encuentra.

El poder no reconoce la magnitud de las protestas y asegura actuar en contra de “grupos terroristas armados” que causan el caos en las ciudades y atacan a los civiles.

Según las organizaciones humanitarias, más de 1.600 civiles murieron víctimas de la represión desde el 15 de marzo. El régimen, por su parte, cifra en 500 el número de agentes de la seguridad muertos.

El miércoles, una semana después de una declaración del Consejo de Seguridad de la ONU que condenó la represión en Siria, el subsecretario general de la ONU, el argentino Óscar Taranco, denunció “violaciones flagrantes de los Derechos Humanos”, como ejecuciones sumarias y deserciones de soldados.

La representante estadounidense en la ONU, Susan Rice, aseguró que miles de inocentes han sido “asesinados a sangre fría” en Siria.

La ONU no descarta aumentar la presión sobre el régimen de Asad y para ello los países occidentales desean una nueva reunión la próxima semana, aunque esta iniciativa puede verse frenada por Rusia que, pese a condenar la represión, opta por “el diálogo y las reformas”.

El presidente estadounidense, Barack Obama, y el primer ministro turco, Tayyip Erdogan, destacaron, este jueves durante una conversación telefónica, la necesidad de una “transición democrática” en Siria.

Ambos coincidieron en destacar la “urgencia de la situación” y “estuvieron de acuerdo en la necesidad de poner fin inmediatamente al baño de sangre y a la violencia contra el pueblo sirio”.