•   KABUL / AFP  |
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Los talibanes causaron pérdidas y daños limitados, al atacar dos de los lugares más sensibles de Kabul y sembrar el caos durante 19 horas en la capital, pero lograron una victoria psicológica, según expertos.

Comparado con los sangrientos atentados perpetrados en estos diez años de insurrección talibán, el balance es relativamente bajo y los daños causados a los principales objetivos, el cuartel general de la OTAN y la embajada estadounidense, pueden parecer un fracaso operacional.

Pero en el sitio especializado Registan.net, Joshua Foust, miembro del centro de estudios American Society Project, calificó estos ataques coordinados de “desastre” sicológico para la OTAN y las fuerzas afganas.

“La magnitud, la duración y audacia de los ataques, sean cuales fueran los daños causados, los convierte en significativos”, escribe el experto, viendo en ello un nuevo indicio de “la incapacidad, tanto de la ISAF (Fuerza de la OTAN) como de las tropas afganas, para enfrentar con determinación a los insurgentes en su empeño de imponer el desorden en la capital”.

Para los insurgentes “es un fracaso operacional, aunque a la vez es un éxito mediático y estratégico”, indica una fuente militar occidental que pidió el anonimato.

“La idea (de los insurgentes) es mostrar que tienen influencia (...) y que ningún espacio del territorio afgano se les escapa”, agregó la misma fuente.

Buscaban golpe publicitario
Estos ataques “parecen destinados a lograr el máximo de publicidad y de efecto psicológico”, confirma por su lado, un diplomático occidental.

Si se tiene en cuenta que varios sitios sensibles fueron ya atacados a inicios de 2011 por los insurgentes en la capital, “la intensidad y la envergadura” de este ataque eran previsibles, indica Fabrizio Foschini, investigador del Afghan Analysts Network (AAN), centro de estudios con sede en Kabul.

“Desde inicios de 2011 los ataques contra Kabul han sido más intensos y más largos, lo que muestra que los insurgentes están más informados y tienen mejores tácticas, al golpear objetivos rodeados de fuertes medidas de seguridad”, subrayó Joshua Foust.

La táctica de los talibanes parece “propaganda a través de los hechos, lo que consiste en utilizar sus asaltos para enviar un mensaje al pueblo afgano: no están seguros, no están en lugar seguro, no están protegidos y Occidente no puede protegerlos”, añadió.

Estos ataques hacen dudar a los afganos sobre la capacidad de sus propias fuerzas de seguridad, que reemplazarán como está previsto para fines de 2014 a las de la coalición, tras la retirada de las tropas de combate.

“El esfuerzo (de los insurgentes) se concentra en las zonas donde el proceso de transición ya comenzó, y en Kabul, lugar de resonancia mediática”, dijo una fuente militar occidental.

Los talibanes quieren demostrar “su capacidad para reducir a nada el proceso de transición” en curso, subrayó un diplomático occidental.

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