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  • AFP

En Colombia persisten las estructuras paramilitares de ultraderecha, que durante los años 80 y 90 cometieron miles de crímenes atroces, pese a que entre 2003 y 2006 sus jefes depusieron armas y se acogieron a un proceso de paz, alertó este martes Amnistía Internacional (AI).

"Aún se mantienen las estructuras políticas y económicas de los paramilitares en las regiones, y las víctimas son las mismas: sindicalistas y líderes comunitarios", dijo Marcelo Pollack, responsable de AI para Colombia.

"No compartimos la posición del gobierno de que ya no existe paramilitarismo. El gobierno argumenta que estos nuevos grupos (que llama bandas criminales) están al servicio del narcotráfico, pero los paramilitares siempre estuvieron al servicio del narcotráfico", resaltó Pollack.

"Al final, el nombre con que se califiquen esos grupos es un debate académico, porque el resultado para las víctimas es el mismo", añadió.

Amnistía Internacional ha sido crítica de la Ley de Juticia y Paz, que acompañó el proceso de desmovilización de las paramilitares Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) y brindó benficios procesales a los jefes de esos grupos a cambio de la confesión de sus crímenes y la reparación a las víctimas.

"Esa ley se centró en los jefes, pero no tocó las estructuras en las regiones. Vemos en la actualidad una situación similar a la de los años 80", cuando había varias organizaciones paramilitares aún no centralizadas en las AUC, explicó Pollack.

"Pensamos que hay condicones para el resurgimiento (de una gran organización jerárquica), con los grupos más grandes que están absorbiendo a los pequeños", refirió.

Según AI, cerca del 90% de los 32.000 paramilitares desmovilizados entre 2003 y 2006 "no fueron nunca investigados por violaciones de derechos humanos y por tanto pudieron volver libremente a sus comunidades".

Para Amnistía Internacional, la llegada al poder hace un año del presidente Juan Manuel Santos, un dirigente de centro-derecha, significó un cambio positivo con respecto al gobierno de su predecesor Alvaro Uribe, especialmente en la retórica y con el reconocimiento de la existencia de un conflicto armado y de sus víctimas.

"Ya no hay un discurso agresivo hacia los grupos de defensa de los derechos humanos. Es un paso importante y lo reconocemos. Pero siempre insistimos en que lo más importante es lo que pasa en el terreno (...) y no hemos visto cambios sustanciales en el tema de abusos a los derechos humanos", concluyó Pollack.