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  • AFP

El papa Benedicto XVI se vio confrontado de entrada a los escándalos de pedofilia este jueves, al iniciar una visita de cuatro días a Alemania, su país natal, donde fue objeto de manifestaciones hostiles.

"Puedo comprender que ante tales informaciones, sobre todo para los allegados a las personas afectadas, alguien pueda decir: "ya no es más mi Iglesia", declaró Benedicto XVI, respondiendo a los periodistas que lo acompañaban de Roma a Berlín.

Pero al mismo tiempo invitó a los fieles a "soportar esos escándalos terribles" permaneciendo dentro de la Iglesia, que es mucho más que una "asociación deportiva o cultural".

La Iglesia es "la 'red' del Señor

Haciendo alusión a la pesca milagrosa del Evangelio, el Papa declaró que la Iglesia era "la 'red' del Señor en la cual los peces buenos y malos son sacados de las aguas de la muerte hacia la tierra de la vida".

El presidente de la asociación de víctimas alemanas Eckiger Tisch, Matthias Katsch, comentó: "Si se espera cambiar algo, hay que quedarse. Pero cuando se ha perdido la esperanza, hay que partir para mostrar que la Iglesia va por mal camino".

Decenas de miles de católicos, pero también protestantes, solicitaron formalmente ser retirados de los registros de esas iglesias, afectadas por casos de pedofilia.

Un encuentro entre Benedicto XVI y una de las víctimas, como fue el caso en otros países, era probable según el Vaticano.

Poco cristiana y tradicionalmente contestataria, la capital alemana debía ser la etapa más delicada del viaje. Unos 6.000 policías estaban movilizados. "Es normal en una sociedad libre marcada por una fuerte secularización (...) Yo respeto a los que se expresan", declaró el Papa en su avión.

Pero sólo algunos miles de personas manifestaron al llamado de un colectivo de diversas asociaciones en momentos en que el Papa pronunciaba un discurso en el Bundestag.

Ediles boicotean primera intervención de Benedicto XVI

Un centenar de ediles, de los 620 con que cuenta la cámara baja del parlamento, boicotearon esta primera intervención de Benedicto XVI ante una asamblea popular, estimando que la Constitución prevé la separación clara entre la Iglesia y el Estado.

Durante su intervención de unos veinte minutos que fue largamente aplaudida, el Papa advirtió contra las leyes contrarias a la libertad y a la dignidad humanas.

Cuando algunos diputados Verdes se negaron a escuchar su discurso, también saludó la aspiración de "aire fresco" que constituye el movimiento ecologista.

Más tarde, durante una reunión con la comunidad judía, aseguró que el camino de amistad entre católicos y judíos era "irrevocable" y que debía ser el de la "Iglesia toda entera", un mensaje directo a los integristas que rechazan este acercamiento.

Anteriormente, el Papa había afirmado que no había "venido para perseguir intereses políticos o económicos determinados (...) sino y sobre todo para ver a las personas y hablar de Dios" frente a una "indiferencia creciente de la sociedad".

Los sondeos muestran que una gran mayoría de los alemanes son indiferentes a esta visita.

En esta jornada maratón, Benedicto XVI, recibido primero por el presidente Christian Wulff, se reunió luego con la canciller Angela Merkel, protestante, hija de pastor y divorciada, con la cual habló de la crisis del euro.

Al comenzar la noche, celebró una misa ante 70.000 fieles en el Estado olímpico de Berlín, símbolo nazi durante los Juegos Olímpicos de 1936.

El viernes, Benedicto XVI estará en Erfurt (Turingia, centro) para una jornada marcada por el ecumenismo. El sábado y el domingo irá a Friburgo (Bade-Wurtemberg, suroeste).