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  • EFE

Benedicto XVI visitó ayer el santuario mariano de Etzelsbach, a 80 kilómetros de Erfurt, la más importante meta de peregrinación católica en la antigua Alemania comunista, donde calificó al nazismo y al comunismo de “dictaduras impías que intentaron arrebatar a los hombres su fe tradicional”.

Ante varias decenas de miles de fieles -unos 90.000, según fuentes de la iglesia local- el papa Ratzinger reafirmó la devoción mariana y destacó que los fieles de esta parte de Alemania encontraron en este santuario en aquellos años de dictaduras “una puerta abierta y un lugar de paz interior”.

El miércoles, durante un encuentro con la comunidad judía en Berlín, el Papa reiteró su condena del nazismo, acusó al “omnipotente” Hitler de ser un “ídolo pagano” que quería sustituir a Dios y afirmó que las “horribles” imágenes de los campos de concentración muestran de lo qué es capaz el hombre cuando rechaza a Dios y “el rostro que puede asumir un pueblo”.

El Obispo de Roma afirmó también en Etzelsbach que “allí donde hay Dios hay futuro” y aseguró que María da seguridad y nuevas fuerzas y que en el corazón de la Virgen hay espacio para el amor que su Hijo quiere donar al mundo.

También dijo que la “autorrealización”, teoría de moda, no lleva al hombre a su verdadero desarrollo.
“No es la autorrealización la que lleva a la persona a su verdadero desarrollo, aspecto que hoy es propuesto como modelo de la vida moderna, pero que fácilmente puede convertirse en una forma de egoísmo refinado”, afirmó el pontífice, que aseguró que se logra mediante la entrega de sí mismo hacia el corazón de María y, con ello, el de Dios.

Benedicto XVI celebró las vísperas marianas en la explanada del santuario, donde se encuentra la “Wallfahrtskapele” (capilla del Peregrino), que alberga una pequeña imagen de la Virgen, una piedad en madera del siglo XVI.