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  • AFP

La indignación y la movilización que siguieron en Bolivia a la represión de una marcha indígena contra una ruta amazónica, dejaron en evidencia una fuerte aunque no irreparable ruptura entre el presidente Evo Morales y su base popular, de mayoría indígena, según analistas.

Los ministros de Interior y Defensa que renuncian, una oleada de condenas desde todos los sectores, una huelga general de trabajadores el miércoles: el gobierno del aymara Morales ha pagado cara la dispersión por la fuerza llevada a cabo el domingo pasado de unos 1,000 indígenas en la amazónica población de Yucumo.

La acción policial provocó solo algunos heridos pero dejó grandes cicatrices: “La policía enviada contra indígenas: el símbolo es muy fuerte. Los marchistas ganaron la batalla simbólica”, dice Hervé do Alto, analista experto en el MAS, partido de gobierno.

Más que la represión es el diferendo sobre el proyecto estatal de carretera a través del Tipnis -una reserva natural de un 10,000 km y territorio de 50,000 indígenas, el que marcó un giro, dice Diego Ayo, politólogo de la Universidad de San Andrés.

Las contradicciones de Evo
Para Ayo este conflicto muestra las contradicciones de Morales en temas sobre los cuales construyó su imagen: la democracia consultiva con las comunidades, el respeto a la Pachamama (Madre Tierra) y el no someterse a los capitales extranjeros (Brasil es el primer financista y beneficiario de la futura ruta). La máscara ha caído, dice Ayo, quien ironiza señalando que para el gobierno “algunos arbolitos no detienen el desarrollo (...) y los pueblos indígenas son decorativos”.

Fuerte crítica de exembajador
Pablo Solón, embajador boliviano en la ONU hasta julio pasado, dice que “no se puede hablar de defensa de la Madre Tierra y al mismo tiempo promover la construcción de una carretera que hiere a la Madre Tierra, no respeta los derechos indígenas y viola de manera imperdonable los DDHH”.

Solón fue un aliado clave de Morales para posicionar internacionalmente temas prioritarios de la agenda boliviana como la defensa de la ecología, el cambio climático y los derechos de los indígenas.

“Es incomprensible que promovamos la realización de una Conferencia Mundial de la ONU sobre los Pueblos Indígenas para 2014 si no somos vanguardia en la aplicación de la consulta previa de los pueblos indígenas en nuestro propio país”, agregó.

El divorcio entre el Gobierno y su base se incuba desde hace un año, señalan analistas, citando el duro conflicto social de julio de 2010 en Potosí (sur) y luego el alza de la gasolina que trajo una fuerte inflación.

“El conflicto pone en evidencia gran número de tensiones que estaban contenidas” en la heterogénea coalición de Morales, señala Do Alto.