•   LA HABANA / AFP  |
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Un año después de que Raúl Castro reabrió el trabajo privado en Cuba, los pequeños negocios dominan el paisaje urbano, pese a frenos legales, falta de más estímulos y experiencia empresarial, tras años de prohibiciones en una economía donde el Estado controló hasta la venta del tradicional pan con lechón.

Peluqueros, masajistas, relojeros, costureras, chef, fotógrafos de bodas, plomeros, cuidadores de perros... emergieron de la ilegalidad o del ocio, o se lanzaron a probar suerte tras ser despedidos o dejar su empleo estatal, en busca de mejor salario.

El Gobierno autorizó en octubre de 2010 permisos en 178 oficios, ampliados a 181 en septiembre pasado. En un año los “cuentapropistas” (trabajadores privados) pasaron de 148,000 a 333,000, más del doble, lo que superó las expectativas del Ejecutivo.

“Hay más desenvolvimiento. Antes yo vendía cualquier cosa por la izquierda (ilegal), pero vivía con temor a la Policía. La competencia está dura pero algo se gana”, dice Félix Sánchez, en su puesto de venta de CD piratas, que en Cuba pasó a ser legal, con discos copiados excepto de autores cubanos por lo de los derechos de autor.

Puestos como el de Félix, algunos levantados precariamente (“timbiriches” en la jerga local), proliferan en calles y plazas.

La ampliación del sector privado es de las principales medidas del Plan de Reformas ratificado en el VI Congreso del Partido Comunista, PCC, en abril, que impulsa Raúl Castro para hacer eficiente el agotado modelo de corte soviético, vigente durante medio siglo en la isla.

El Gobierno asegura que esta reforma es de mayor alcance y sin marcha atrás, a diferencia de la tímida apertura aplicada tras la severa crisis de los años 90 por la debacle del bloque socialista.

Falta de mercados mayoristas
Como novedad, se da posibilidad al surgimiento de la microempresa, permite contratación de empleados, comercializar bienes y servicios a empresas estatales, alquilar locales, tener créditos.

Pero la meta de que el sector privado absorba parte de los 1.3 millones de empleos estatales “inflados” y que serán cerrados hasta 2015, se ve afectada por la falta de un mercado mayorista e impuestos que a muchos resultan altos, y que ya provocaron quiebras y devolución de permisos (25% en La Habana).