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Aviones de la coalición internacional en Irak atacaron ayer viernes posiciones de la milicias chiítas en Basora (sur), al tiempo que el primer ministro iraquí, Nuri al Maliki, ofrecía recompensa a aquellos rebeldes que entreguen las armas.

Los ataques aéreos comenzaron antes del amanecer y suponen la primera intervención de la coalición en los combates que enfrentan al ejército iraquí contra los milicianos chiítas desde el martes en Basora, principal centro petrolero iraquí, ubicado a 550 km al sur de Bagdad.

Se trató de dos misiones de bombardeo dirigidas contra grupos de lanzadores de cohetes y contra congregaciones de milicianos chiítas en Basora, declaró a la AFP el comandante Tom Holloway.

Los enfrentamientos se trasladaron ya a la capital del país y a otras ciudades iraquíes. La cifra de muertos en combate desde el martes se eleva a más de 180 fallecidos y centenares de heridos, según el último recuento de la AFP.

Bush dice que combates son una “prueba”

El presidente estadounidense, George W. Bush, calificó los combates de “momento determinante para la historia de Irak libre”. “Es una prueba” para el gobierno iraquí, añadió.

Bush dijo que el éxito en Irak es importante para mandar un “claro mensaje” a los líderes iraníes de que no pueden “imponer su criterio” a los demás países de Medio Oriente y para llevar la democracia a Oriente Medio, “la región más inestable del mundo”.

Estos ataques coinciden con la oferta de Maliki de recompensar a los milicianos que abandonen la lucha. La oferta es válida hasta el 8 de abril, y engloba las “armas pesadas y medias” disponibles en Basora, según un comunicado de su oficina.

Sin embargo, la propuesta sólo atañe a aquellos que no han participado en los combates que se libran desde hace cuatro días en Basora, según el asesor de Maliki, Sadek Al Rekabi.

La iniciativa “va dirigida a aquellos que tienen armas en sus casas, de manera que eliminemos estas armas y les demos una recompensa”, precisó Rekabi.