Jorge Eduardo Arellano
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American Airlines siguió cancelando centenares de vuelos este viernes y, en un efecto dominó, se presume que los inconvenientes a los pasajeros aumentarán a medida que las inspecciones que provocaron el inconveniente afecten también a otras aerolíneas.

La situación, que ha causado pérdidas financieras y ha agotado la buena voluntad de los pasajeros, asesta un nuevo golpe a una industria golpeada por los elevados costos de los combustibles.

En Washington, un portavoz del presidente George W. Bush estaba al tanto de la situación y vigilándola cuidadosamente.

El asunto será discutido el lunes en la reunión del gabinete, dijo el portavoz Scott Stanzel.

Algunos legisladores empezaron a formular preguntas y muchos pasajeros cambiaron el avión por el tren. Otros se mostraron más resignados y comprensivos.

“Si alguien tiene la opción de padecer un accidente de aviación o llegar tarde, ¿qué prefiere?’’, se preguntó Jane Bernard, una escritora de Nueva York que se vio demorada por lo menos tres horas en un vuelo a Miami.

Mingo Valencia, que se quedó varado en Atlanta camino a Midland, Texas, lo atribuyó a ‘’mala gerencia’’ de las aerolíneas.