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  • AFP

La destitución el miércoles de la ministra de Educación Yasna Provoste -primera en el país desde hace 35 años-, es un duro golpe a la presidenta socialista Michelle Bachelet, que ve en esta acción la primera prueba de fuerza de un Congreso dominado por la oposición desde finales de 2007.

Provoste fue destituida por el Senado por desórdenes administrativos en la cartera que dirigía, que igualmente la inhabilitó por 5 años para ejercer cargos públicos.

La percepción entre los analistas es que la gran perdedora es la presidenta Bachelet, tanto por haber sido derrotada en el Congreso como por no haber hecho renunciar a la ministra para evitarle la destitución.

Bachelet, quien llegó el miércoles de una gira por China, dio de inmediato su respaldo a la destituida ministra al criticar que "haya prevalecido en este caso el afán de hacer una demostración de fuerza política por encima de cualquier consideración".

"Haré lo necesario para que esta decisión del Senado no se transforme en un mal precedente", advirtió la mandataria.

Este jueves criticó la "beligerancia política" y pidió que ésta no empañe "todo lo que estamos construyendo en democracia".

El oficialismo perdió la mayoría en el Congreso a fines de 2007, cuando varios miembros se declararon independientes y la destitución de la ministra se convirtió en el primer episodio tras la realineación de fuerzas.

El analista Patricio Navia afirma que este nuevo escenario no cambia sustancialmente la ya debilitada posición de Bachelet, sino que es más bien una consecuencia de su incapacidad para gobernar.

Bachelet "queda en la misma posición de debilidad de antes. Los problemas no son del Congreso o de que hay una mayoría de oposición. Los problemas de manejo y errores estratégicos son de Bachelet", explicó a la AFP.

"La pérdida de mayoría en el Congreso es mucho más un síntoma del problema que un problema en sí", añadió.

Para Navia, la más perjudicada en esta "tragedia griega" es la propia Bachelet, que en lugar de pedir la renuncia a su ministra cuando estalló el escándalo en febrero pasado, decidió respaldarla en una "batalla inútil".

Por su parte, el analista independiente Ascanio Cavallo indicó que "si existe alguna dimensión de 'sacrificio' en la destitución de Yasna Provoste, tendría que ser la del castigo al orgullo del Ejecutivo y a su obstinada negativa a reconocer la nueva realidad que enfrenta en el Congreso".

La analista Ena von Baer, del centro de estudios Instituto Libertad y Desarrollo -vinculado a la derecha- dijo de su lado que "la primera destitución de un ministro de Estado desde la vuelta a la democracia es una fuerte señal del momento de debilidad que sufre la Concertación".

La presidenta deberá buscar acuerdos con esta nueva mayoría parlamentaria para llevar adelante los proyectos que restan para los dos años que le quedan al frente del gobierno en Chile, agregan los analistas.

La última destitución contra un ministro de Estado ocurrió en 1973, cuando el Congreso acusó y destituyó al entonces ministro de Minería del presidente socialista Salvador Allende, Sergio Bitar.

La acusación contra Provoste se aprobó en el Senado por 20 votos contra 18.

De los cinco capítulos de la acusación en su contra, el Senado sólo aprobó uno referido a "la no corrección de graves infracciones e irregularidades" al interior del ministerio, después de que en febrero pasado se revelaran desórdenes en la entrega de subvenciones escolares.