Jorge Eduardo Arellano
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ASUNCIÓN / AFP
El ex obispo y candidato izquierdista Fernando Lugo colgó los hábitos en la Navidad de 2006 para ser candidato, lo cual le valió ser suspendido “a divinis” por el Vaticano.

Lugo será el nuevo presidente de Paraguay, sacando del poder al Partido Colorado, instalado desde hace 61 años, incluyendo los 35 de dictadura de Alfredo Stroessner.

El ex sacerdote --que trabajó en Ecuador con monseñor Leonidas Proaño, conocido por los ecuatorianos como “Obispo de los Pobres”-- encabeza la alianza de una veintena de partidos y movimientos políticos y sociales, en su mayoría de izquierda.

Partidario de la ‘Teología de la Liberación’, Lugo dijo dos días antes de las elecciones que bajo su gobierno Paraguay no caería en “la polarización” ideológica de la región, evitando identificarse con una u otra corriente izquierdista latinoamericana.

“Mucho usamos últimamente la palabra ‘izquierda’ en América Latina. En una reunión de cinco personas, si se habla de izquierda habrá cinco conceptos de izquierda diferentes”, afirmó. “Nosotros haremos nuestro propio camino”.

Lugo, nacido el 30 mayo de 1951 en una familia humilde en la pequeña localidad de San Solano, 400 km al sur de Asunción, también dijo que haría una reforma agraria “diseñada y negociada con todos los actores involucrados”, sin caer “en procesos traumáticos ni violentos”.

Es el menor de siete hermanos (cinco varones y una mujer), ingresó al noviciado de los misioneros del Verbo Divino en 1970, y fue ordenado el 15 de agosto de 1977.

Desde hace tres años, a pesar de su edad, se mantenía como Obispo Emérito, sin cargo, luego de dejar la diócesis de San Pedro, en el departamento del mismo nombre, el más pobre de Paraguay.

Sobrino de un dirigente del Partido Colorado que fue perseguido y exiliado por el dictador Alfredo Stroessner (1954/89), Lugo incursionó recién en política, el 29 de marzo de 2006, cuando logró reunir a 40,000 personas de todas las tendencias para protestar contra el actual gobierno de Nicanor Duarte.

Aquel mitin en la plaza del Congreso paraguayo fue la chispa que lo decidió a colgar la sotana, convencido por la oposición para liderar un frente antigubernamental.

Por ello, una autoridad eclesiástica lo describió públicamente por su rebeldía como “un puñal clavado en el cuerpo de la Iglesia”.

En contrapartida, el prelado --cuya renuncia a su hábito fue rechazada por el Vaticano-- aglutinó a organizaciones campesinas, obreras, partidos y movimientos sociales minoritarios, y ahora está a punto de alcanzar la presidencia de Paraguay.

“Queremos ser un país abierto al mundo y a los grandes desafíos de la modernidad, y esa es una de las tareas que nos tocará realizar después del domingo”, afirmó en su cuartel general.

La sanción a divinis le impide ejercer en adelante las funciones sacerdotales.