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LA HABANA / AFP

Raúl Castro reafirmó su liderazgo en Cuba al convocar al crucial congreso del Partido Comunista (PCC) que debe trazar el rumbo de la revolución post-Castro, y envió un mensaje a la comunidad internacional con la conmutación de penas de muerte a un grupo de condenados.

Ante el pleno del Comité Central del PCC, Raúl Castro anunció que el VI Congreso del Partido se realizará en 2009, con un retraso --sin explicación-- de siete años, pese a ser vital porque debería ser el encargado de definir las líneas políticas y económicas del país para un quinquenio.

La noticia llegó acompañada con la conmutación de la pena a “un grupo” de condenados a muerte, cuya cifra Raúl no precisó, pero calculada de manera extraoficial en unas 30 personas. Tres casos, los de un salvadoreño, un guatemalteco y un cubano, están bajo estudio, dijo Castro.

Raúl Castro, de 76 años, quien es oficialmente Presidente desde el 24 de febrero e interino desde julio de 2006, cuando enfermó su hermano Fidel, continuó así a paso firme su política de cambios “poco a poco”, y abrió la puerta a la renovación de la cúpula del poderoso Partido Comunista cubano (único).

El VI Congreso será el que definirá --de no renunciar antes-- si Fidel, de 81 años, deja su cargo de primer secretario del PCC, el máximo en un sistema comunista y el cual conservó cuando en febrero declinó la reelección presidencial.

Poniendo fin a la “etapa de provisionalidad” en el poder, Raúl anunció la creación de la Comisión del Buró Político del PCC: siete hombres --incluyéndolo a él-- con el control de la política, economía y fuerzas militares, los mismos que dirigen el Ejecutivo.

Asimismo, incluyó a tres emblemáticos dirigentes en el influyente Buró Político, entre ellos al comandante Ramiro Valdés, de 75 años, miembro del Consejo de Estado (Ejecutivo), ministro de Comunicaciones, y uno de los más cercanos a Fidel y a Raúl desde hace medio siglo.

La consolidación del papel del partido único permitirá “asegurar la continuidad de la revolución cuando ya no estén sus dirigentes históricos”, subrayó Raúl en su discurso.

En ese sentido, el PCC, sin protagonismo por años ante el aplastante liderazgo de Fidel, tendrá el reto de definir el modelo cubano --según las autoridades “propio”, ni chino ni vietnamita-- para la etapa post-Castro, ante una población que espera medidas de apertura en lo económico.

“En estos tiempos, y los que están por venir, resulta necesario y decisivo contar con instituciones políticas, estatales, de masas, sociales y juveniles fuertes”, apuntó Raúl.

Desde que asumió la Presidencia, el hermano de Fidel Castro empezó reformas en la agricultura y a eliminar prohibiciones y limitaciones que pesan sobre los cubanos, permitiéndoles el acceso a hoteles, compra de computadores, DVD y microondas y contratar telefonía celular.

Esas medidas, junto con la firma de pactos de derechos humanos en febrero pasado, han suavizado, según observadores cubanos y extranjeros, su imagen a nivel nacional e internacional.

A dos meses de que la Unión Europea decida si levanta sanciones que impuso a Cuba en 2003 por la condena de 75 opositores y el fusilamiento de tres hombres que secuestraron una lancha para emigrar, Raúl anunció la conmutación de las penas de muerte.

“Se ha adoptado esta decisión no por presiones, sino por acto soberano en consonancia con la conducta humanitaria y ética que caracteriza a la Revolución cubana desde sus inicios”, justificó.

La conmutación es “significativa”, pero “lo verdaderamente relevante” sería la abolición de la pena de muerte “de inmediato”, dijo a la AFP el disidente Elizardo Sánchez, presidente de una comisión ilegal de derechos humanos que cifra en unos 30 los condenados a muerte beneficiados.

“Es un paso positivo que da el gobierno para abrirse a una justicia un poquito más humanitaria, ojalá fueran (beneficiados) todos los condenados a muerte”, declaró el cura colombiano Noel Mojica, confesor de dos salvadoreños sentenciados hace nueve años a esa pena en Cuba, por cargos de terrorismo.

Para un sector de la oposición y para Washington, las medidas de Raúl son “cosméticas” y sólo buscan la perpetuación de los Castro en el poder. “El círculo ahora sí está cerrado (...) está claro que Raúl es el poder”, opinó el disidente Oscar Espinosa.