Jorge Eduardo Arellano
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LONDRES /AFP

Los londinenses se despertaron el sábado con un nuevo alcalde, el conservador Boris Johnson, mientras el primer ministro Gordon Brown está contra las cuerdas tras histórica derrota sufrida por los laboristas en las elecciones locales en Inglaterra y Gales.

Descrito muchas veces como un “bufón”, Johnson, de 43 años, que es diputado por un pequeño distrito de la capital desde 2001, firmó el sábado una declaración aceptando formalmente la alcaldía de Londres, poniendo fin al reinado del laborista Ken Livingstone, de 63, que gobernó la capital británica desde 2000.

“Boris tuvo la última carcajada”, escribió en su primera plana la prensa británica, recordando que cuando se presentó como candidato a alcalde de Londres hace unos meses, muchos pensaron que se trataba de un nuevo chiste del excéntrico ex periodista, conocido por sus meteduras de pata y su mechón de pelo casi albino.

El propio Johnson --que debe sobre todo su triunfo a los votos de los londinenses de los suburbios, a una millonaria campaña en la que se presentó como el “candidato del cambio” y al crucial apoyo del diario Evening Standard-- reconoció que muchos electores dudaron antes de votar por él, y prometió “no defraudarles”.

En un discurso tras la ceremonia en el ayuntamiento en la que aceptó la alcaldía, cuyas riendas asumirá desde el lunes, Johnson se comprometió a “reformar y mejorar” el peaje urbano introducido por Livingstone para aliviar el tráfico en el centro de la ciudad.

Se comprometió también a continuar el programa de construcción de viviendas sociales, a combatir “la delincuencia y el desorden”, así como “el crimen en los autobuses”, y a liderar la batalla contra las agresiones con arma blanca.

Boris no pudo refrenarse, en su primer discurso tras aceptar el cargo, de hacer algunos chistes, como es su costumbre, advirtiendo a aquellos que no colaboren con él que va “a tener que hacerles una eutanasia”.

Y mientras Johnson disfruta de su triunfo, los laboristas evalúan su estrategia como partido de gobierno y tercera fuerza política, tras las elecciones locales del jueves en Inglaterra y Gales que el diario Independent bautizó como la “matanza del primero de mayo” para el partido de Brown.

Tras esa derrota, la peor sufrida por el Partido Laborista en 40 años, se prevé que el primer ministro lance esta semana una ofensiva para tratar de restaurar su autoridad, presentando un nuevo programa legislativo.