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DUJIANGYAN / AFP

Más de 40 mil personas murieron, desaparecieron o quedaron sepultadas tras el terremoto que afectó el lunes el sudoeste de China, informaron fuentes oficiales ayer miércoles, cuando comienza a emerger el horror causado por el sismo devastador.

A pesar de lluvias torrenciales y rutas intransitables, los soldados chinos se afanaban por localizar sobrevivientes entre los edificios reducidos a escombros por el mayor sismo en China en más de treinta años.

Aviones y helicópteros cargados con ayuda humanitaria, un centenar de paracaidistas y socorristas trataron de mitigar los estragos del terremoto en la provincia de Sichuán, donde murieron 14,463 personas, según el último balance oficial anunciado el miércoles por la agencia China Nueva.

Unas 26,000 personas permanecen sepultadas bajo los escombros. La agencia China Nueva rebajó el número de desaparecidos a 1,400 (de los 14,000 que dio en una información anterior), aunque la cifras de damnificados cambian a cada hora.

Esta misma agencia informó ayer miércoles que más 30,000 personas están desaparecidas en la ciudad de Shifang, cerca del epicentro del sismo que golpeó la región suroeste de China, donde también murieron 2,500 personas.

Las pérdidas humanas no dejan de aumentar a medida que llegan informaciones de las zonas más alejadas.


Ciudades arrasadas
Según la Policía militarizada, citada por medios oficiales, numerosas ciudades de los alrededores de Wenchuan, epicentro del sismo, quedaron completamente “arrasadas” por el movimiento telúrico.

“Ya no hay casas en numerosas ciudades y suburbios (del distrito de Wenchuan). Todo ha sido arrasado”, afirmó Wang Yi, jefe de la unidad de la Policía militarizada, citado por un sitio internet.

“La situación es peor de lo que nos temíamos”, declaró un responsable local que logró llegar al pueblo escalando la montaña en Yingxiu.

Desde un amasijo de cemento y vigas de acero se escuchaban todavía gritos. Allí había una escuela borrada por la violencia del sismo y en la que sin ninguna herramienta, los vecinos de Yingxiu buscaban entre los escombros, según un relato de la agencia estatal China Nueva. Así pudieron rescatar el cadáver de He Xinghao, de 15 años.

Tras un primer intento fallido el martes, el Ejército logró que tres helicópteros cargados de víveres y medicamentos aterrizaran en la ciudad de Wenchuan, además de un centenar de soldados paracaidistas de elite.

El panorama para los damnificados es desolador. “Ya no tengo casa, se derrumbó. No queda nada, y ahora espero que el gobierno venga a reconstruirla”, aseguró Li Jun, un obrero siderúrgico de 20 años en la ciudad de Dujiangyan.

Li Haijun, de 29 años, y cuyo hermano pequeño se encuentra aún sepultado bajo los escombros, se lamentaba de la lentitud de las labores de socorro. “Necesitamos agua, comida, no tenemos un sitio donde vivir”, clamó.

El primer ministro chino, Wen Jiabao, que supervisa las operaciones desde la ciudad de Dujiangyan, no pudo ocultar su impaciencia ante la lentitud de los trabajos de rescate.

“Debemos hacer todo lo posible para reabrir las carreteras que llevan al epicentro y salvar a los habitantes aislados en las zonas siniestradas”, dijo.

Un equipo de 1,300 médicos y enfermeras del Ejército, acompañados por soldados, lograron la tarde del martes llegar a pie hasta el distrito de Wenchuan.