Jorge Eduardo Arellano
  •  |
  •  |
  • END

Los emigrantes latinoamericanos que se arriesgan a cruzar a nado el río Bravo para pasar a Estados Unidos, enfrentan ahora el peligro de toparse con temibles cocodrilos.

En Nuevo Laredo, una de las ciudades mexicanas que atraviesa el río de 3,034 km, don Pedro Madrid y su nieto, ambos pescadores, sacaron en octubre pasado un enorme cocodrilo que dio origen a la creación del primer zoológico de la localidad.

“Mi nieto y yo tiramos los anzuelos, cuando vimos que uno de ellos se movía y se iba contra los carrizos; era un cocodrilo”, luego de dudar si se trataba de ese reptil, narró don Pedro en un recorrido con la AFP por el río.

“Lo sacamos entre mi nieto y yo, lo lazamos, y no sabíamos si nos iba a atacar, pero por fortuna no, y después de sacarlo le hablé a mi compadre para que me ayudara”, añadió.

Los pescadores han visto en los últimos días otro cocodrilo mucho más grande que el primero que sacaron en octubre, al que bautizaron como Fortunato, porque se creía que era un ejemplar masculino.

“La última vez lo vimos el lunes pasado, hemos visto las huellas que deja al arrastrarse, al meterse al agua. Está muy grande, ahorita vamos para ver si podemos sacarlo también”, prosiguió Oscar Ramírez, el compadre de don Pedro, momentos antes de acampar para localizar al animal.

“Lo vimos por allá abajo, estaba como a unos 50 metros, pero se apreciaba que era mucho más grande que el otro, nosotros venimos a pescar los fines de semana y esta noche nos vamos a quedar para ver si podemos atraparlo”, comentó don Pedro.