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La Policía italiana asestó hoy un nuevo golpe a la organización criminal Cosa Nostra al detener en Sicilia a su máximo responsable, Salvatore Lo Piccolo, apenas un año y medio después de caer el anterior "jefe de jefes", Bernardo Provenzano.

Aunque como todos los jefes mafiosos Lo Piccolo tiene su leyenda negra -ha estado veinticinco años fugitivo de la Justicia, está condenado a cadena perpetua y pesan sobre él ocho órdenes de busca y captura-, no podrá batir los récords de su antecesor.

Provenzano estuvo cuarenta años huido y trece al frente de la organización criminal, en sustitución de otro Salvatore, "Toto" Riina, aprehendido en 1993.

Pero a diferencia Provenzano, cuya captura en abril de 2006 sorprendió por estar escondido en una cabaña pobre y sucia en medio del campo siciliano, Lo Piccolo ha sido apresado en un chalé, cerca de Palermo, con todas las comodidades modernas.

"Un hombre de honor"
"El barón", apodo con el que se conoce a Lo Piccolo, empezó su carrera criminal desde lo más bajo: matando; condición que, según la literatura mafiosa y alguna que otra declaración ante el juez, como la de "Toto" Riina, es indispensable para ser un "hombre de honor", nombre con el que se reconocen entre sí los miembros de Cosa Nostra.

Después de ese principio, las circunstancias de cada mafioso, su leyenda negra particular, se construye con pocos datos biográficos, porque la discreción sigue siendo un valor, amén de una necesidad, en la organización mafiosa.

"Totuccio" comenzó como guardaespaldas y chófer del "padrino de San Lorenzo", Rosario Riccobono, muerto durante la guerra de clanes de los años 1980.

Más tarde se alineó con el clan de los corleoneses, los ya citados Riina y Provenzano, y cultivó relaciones con los responsables mafiosos de Estados Unidos.

Cobraba la luz
Al amparo de ellos, el poder de Lo Piccolo fue creciendo en el territorio noroccidental de Palermo, donde se dedicó a lo que se dedican los mafiosos: asesinatos, narcotráfico, cobro de comisiones por obras públicas y privadas y exacciones a empresarios.

Entre esos impuestos indebidos, uno original suyo, que se podría llamar de tipo eléctrico: los que no querían tener problemas con la luz en uno de los territorios bajo su dominio, tenían que pagar 15 euros a la organización criminal.

"Totuccio", como también se conocía a este "hombre de honor", fue capturado en la localidad de Carini, cercana a Palermo, capital de la isla sureña de Sicilia, gracias a que ese honor mafioso está a la baja desde hace un tiempo y uno de sus secuaces, detenido recientemente, lo traicionó y empezó a colaborar con la Justicia.

En la operación también han sido apresados su hijo Sandro, de 32 años, mano derecha de Lo Piccolo, y otros dos importantes jefes mafiosos, Andrea Adamo y Gaspare Pulizzi.

También se han incautado documentos, una cantidad de dinero sin precisar y armas, entre ellas una habitual de las redadas mafiosas, la "Smith&Wesson".

Los cuatro detenidos estaban inscritos en la lista de los treinta delincuentes más buscados de Italia, por lo que es fácil de imaginar la satisfacción que se ha vivido en los ambientes policiales y judiciales.

Día de la Memoria
Más cuando la detención se ha producido en un día simbólico, ya que hoy se celebra el Día de la Memoria, en homenaje a todos los que han muerto asesinados por la mafia.

No obstante, no parece que esta organización, que nació en los albores del propio Estado italiano, allá entre 1830 y 1860, haya sufrido el "golpe mortal" del que hoy ha hablado el presidente de Sicilia, Salvatore Cuffaro, procesado él mismo por sus relaciones con Cosa Nostra.

De hecho, así lo piensa el fiscal antimafia Nico Gozzo, quien opina que se ha abierto "una fase peligrosísima" en la que puede surgir una guerra abierta entre clanes mafiosos.

Y así lo debe pensar también el último gran fugitivo mafioso, Matteo Messina Denaro, jefe de la "familia" de los trapaneses, quien a punto estuvo de ocupar el lugar de Lo Piccolo, tras la caída de Provenzano.