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Jerusalén / El País    
Más solo que nunca, Ehud Olmert muestra síntomas de desesperación. Considera el primer ministro israelí que el titular de Defensa, el laborista Ehud Barak, le ha “apuñalado por la espalda” al exigir que abandone el cargo. Pide a los diputados de su partido que le permitan demostrar su inocencia por un presunto caso de corrupción. Pero casi nadie sale a socorrerle. Al contrario. Son sus ministros quienes saltan a la palestra para pedir a su jefe que abandone.

El jueves fue la responsable de la diplomacia y figura emergente en Kadima, Tzipi Livni, quien advirtió: “Kadima necesita prepararse para cualquier eventualidad, incluidas las elecciones. La realidad cambió el jueves. Es imposible ignorar los acontecimientos de los últimos días”.

El escándalo de los sobres con efectivo en dólares que el millonario judío estadounidense Morris Talansky entregó a Olmert amenaza seriamente la carrera política, de 35 años, del primer ministro. La gran mayoría de expertos asegura que su fin como dirigente está muy cercano.


Los que tiran la primera piedra
Es una de las peculiaridades de Israel. Ministros de la coalición de gobierno y dirigentes de su propio partido reclaman la dimisión de su jefe, pero permanecen en sus cargos bajo el liderazgo del señalado con el dedo. Ya lo hizo Livni hace año y medio cuando se publicó el informe provisional sobre la guerra de Líbano. “No se trata sólo de un asunto legal, sino de valores y principios que todos debemos respetar y que influyen en la confianza de los ciudadanos”, apuntó Livni, que después tiró con bala contra Olmert: “Soy gran partidaria de las primarias, y creo que necesitamos implicar al público en la elección del liderazgo, recobrando así la confianza para Kadima”.

La promesa de Olmert de dimitir únicamente en el supuesto de que sea imputado no basta tampoco a su ministro de Seguridad Interior, Avi Dichter, que ayer se postuló también para reemplazar a Olmert. “En Israel no puede haber un primer ministro a tiempo parcial. Debe tomar una decisión”. El partido fundado por el convaleciente Ariel Sharon en noviembre de 2005 afronta las próximas elecciones en situación precaria.

Porque todos los partidos se preparan para unos comicios que, apuntan varios analistas, no pueden demorarse más allá de fin de año, y que tendrán repercusión en los incipientes procesos de negociación en Oriente Próximo. El amplio abanico de la derecha exige la cita las urnas desde hace meses y los grupos que apoyan al Ejecutivo ya calientan motores.