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  • AFP

El candidato demócrata a la Casa Blanca, Barack Obama, necesita solucionar su "problema hispano", que quedó patente en las primarias, para arrebatar a su rival republicano, John McCain, varios estados que pueden darle la victoria en noviembre, explicaron a la AFP expertos y políticos.

"Cuando un candidato gasta la cantidad de dinero que gastó Obama para conseguir votos latinos y se queda estancado en un 30%, es obvio que tiene un problema", explicó una fuente cercana a la campaña de su rival en las primarias, Hillary Clinton, que pidió el anonimato.

La senadora y ex primera dama logró el apoyo de más de dos tercios del voto latino durante las primarias y dejó en evidencia los numerosos problemas del candidato afroamericano para seducir a una comunidad cuyo voto será clave en estados como Florida, Nuevo México, Colorado, Nevada y Arizona.

"Obviamente, le falta conexión con las comunidades hispanas", admitió Daniel Restrepo, del Center for American Progress, un centro de análisis cercano a los demócratas. "Pero su campaña es consciente de que debe hacer más y veremos cada día un enfoque más grande en los grupos con los que ha tenido dificultades" en las primarias, dijo.

En cambio, para Roberto de Posada, presidente de Coalición Latina, una organización cercana a los republicanos, Obama seguirá experimentando serias dificultades: "gran parte del problema es que la comunidad latina lo ve como un líder de otra minoría y cree que se va a preocupar de las otras comunidades y no de nosotros".

Ahora que logró los delegados necesarios para convertirse en el candidato demócrata para el 4 de noviembre, Obama debe cambiar su campaña para atraer a los hispanos, cuyos votantes podrían alcanzar los 12 millones para estas presidenciales, según ciertas estimaciones.

Frente a él, se encontrará con McCain, "el republicano más fuerte dentro de la comunidad latina", como subrayó Posada, recordando su apoyo a sendos proyectos de reforma migratoria que fueron bloqueadas en los dos últimos años por el sector más radical de su propio partido.

Conscientes del problema, los demócratas ya lanzaron una campaña para desprestigiar a McCain entre los hispanos y lo acusan de haber cambiado de opinión sobre la reforma que habría abierto la vía de la regularización para millones de indocumentados, principalmente latinoamericanos.

"El problema de Obama con los hispanos no es tan grande cuando se enfrenta a un candidato republicano", explicó Restrepo. "En las primarias, su rival defendía política similares. Ahora, le va a dar una ventaja el hecho de oponerse a un republicano con políticas diferentes", pronosticó.

Tom Schaller, de la Universidad de Maryland, compartió esa idea: los "hispanos no van a votar por McCain", aseguró, basando su argumentación en la mala imagen que tiene el Partido Republicano en la comunidad por el tono virulento de su campaña contra la reforma migratoria.

"En 2004, el 40% de los hispanos votó a Bush y en las legislativas de 2006 ya eran menos del 30% y las primeras indicaciones dejan entrever que el apoyo está cayendo más rápidamente todavía", precisó el experto, que atribuyó al tema de la inmigración el descalabro republicano entre los latinos.

Obama cuenta con el apoyo del gobernador hispano de Nuevo México, Bill Richardson, para tratar de atraer los votos de los hispanos del suroeste que apoyaron a Clinton en las primarias.

Ahora que su rival arrojó la toalla, también dispone de la posibilidad de contratar al equipo hispano de Clinton que efectuó una de las campañas más eficientes en la minoría más importante del país, con más de 45 millones de personas.

"Que yo sepa, nadie del equipo se opone a trabajar ahora por Obama", afirmó una fuente de la campaña, dejando la puerta abierta a la posibilidad de apoyar al que fue su adversario.