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Uno es héroe de Vietnam, viejo mochilero de la política y mediocre orador público. El otro un seductor cuarentón, orador natural y senador desde hace menos de cuatro años.

Entre estos dos hombres que se oponen en todo, el republicano John McCain y el demócrata Barack Obama, deberán elegir los estadounidenses a su presidente en noviembre. Separados por su carrera, sus orígenes y una generación, ambos candidatos ostentan sin embargo un mismo rechazo a las discrepancias partidarias.

"Un dirigente en el que pueden creer", proclama el último eslogan elaborado por el equipo de John McCain, mientras que sus videos de campaña recuerdan incansablemente su heroica biografía.

Las secuelas de la guerra

Con 71 años, el candidato republicano tiene 25 más que su rival. Forma parte de una dinastía militar al servicio de Estados Unidos desde la independencia en el siglo XVIII. Su primer spot de campaña recordó el martirio padecido por el senador en las prisiones norvietnamitas, donde pasó más de cinco años.

McCain sufre sus secuelas: un paso rígido y dificultades para levantar los brazos. Su rostro también aparece deformado por las huellas de un cáncer de piel curado en 2000, que le prohíbe cualquier bronceado, a pesar del potente sol de Arizona (suroeste), estado que representa en el Senado desde hace 21 años.

En problemas con la derecha dura, que no le perdona concretamente su proyecto abortado de regularización de millones de inmigrantes clandestinos, McCain moderó fuertemente en estos últimos meses sus desacuerdos con la ortodoxia republicana. En economía es ferozmente liberal. En política extranjera halcón, y acusa a su adversario de ser "ingenuo". Casado dos veces, McCain tiene siete hijos.

La elegancia de Obama

Con una sonrisa deslumbrante y una infalible elegancia, Barack Obama, de 46 años, no pierde ocasión de declarar su respeto por John McCain. "Rindo homenaje a su hoja de servicios, aunque él decida negar las mías", dijo Obama al reivindicar la investidura del Partido Demócrata el martes, tras intercambiar sonrisas cómplices y pequeños gestos de cariño con su esposa Michelle, licenciada de Princeton y Harvard.

Al igual que su rival, Barack Obama hace campaña con su biografía, en las antípodas de las del candidato republicano: hijo de una adolescente blanca anticonformista y de un estudiante keniata, brillante estudiante licenciado de Columbia y Harvard, abogado de los barrios desfavorecidos del South Side de Chicago, ocupa desde hace menos de cuatro años un escaño en el Senado.

El candidato demócrata se muestra a menudo distante con la prensa, que John McCain cultiva con humor. La yuxtaposición de los discursos de ambos hombres revela la mayor baza de Barack Obama: una elocuencia capaz de enardecer a las multitudes. McCain por su parte aparece paralizado frente a un teleprompter que descifra entrecerrando los ojos.

Sus coincidencias

Ambos candidatos alardean, sin embargo, de una ambición común, la de hacerse elegir en el centro y forjar los compromisos necesarios para superar las discrepancias partidistas.

También tienen la ambición común de terminar con la corrupción. Hace dos años, McCain y Obama colaboraron brevemente en un proyecto sobre ética parlamentaria, ocasión de su primera gran disputa pública.

"Perdóneme por haber pensado que las garantías que me dio en privado... eran sinceras", escribió John McCain. "Su reacción es lamentable pero no disminuye en nada mi profundo respeto", respondió Obama anticipando el tono de la contienda que culminará el 4 de noviembre.