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KANDAHAR / AFP
Veintisiete insurgentes murieron y veinte prófugos fueron capturados en una vasta operación desencadenada por fuerzas afganas e internacionales tras la operación de las milicias talibanes que permitió la fuga de unos mil presos de la cárcel de Kandahar.

La Policía afgana amenazó el domingo a quienes ayuden a los 1,000 presos liberados de la prisión de Kandahar (sur) por los talibanes, precisando que 27 insurgentes murieron y 20 prófugos fueron capturados en la caza al hombre lanzada con las fuerzas internacionales.

“Les hemos advertido a los habitantes de la región: no den cobijo a los presos evadidos. Si encontramos un preso en sus casas, serán castigados”, dijo a la AFP el jefe de policía de la provincia de Kandahar, Sayed Agha Saqib.

“Los presos que escaparon deben entregarse a las autoridades y volver a la cárcel o sus penas serán dobladas si se les captura”, agregó.

Veintisiete insurgentes muertos y 20 evadidos fueron atrapados desde la huida multitudinaria del penal Sarposa, el viernes por la noche.

Quince de los insurgentes fallecidos murieron en un ataque aéreo contra una granja, en el que se detuvo también a cinco sospechosos, anunció la coalición internacional bajo mando estadounidense, precisando que no sabía si unos y otros formaban parte de los presos evadidos.

“La pasada noche murieron 12 talibanes, entre ellos el famoso comandante Kaka Abdul Jaliq”, dijo por su lado el jefe de la policía de Kandahar.

Completando el saldo, 20 de los presos evadidos, entre ellos un talibán, fueron detenidos el sábado y el domingo, según las autoridades afganas.

El ataque de la cárcel de Sarposa, seguido de la fuga de unos mil detenidos, ha sido uno de las más audaces y espectaculares acciones de la milicia fundamentalista islámica de los talibanes.

Al menos un kamikaze empotró un coche bomba contra la entrada del centro penitenciario, abriendo una gran brecha en el muro, según las autoridades.

Luego un comando tomó la prisión con armas ligeras y lanzacohetes.

Sólo 40 carceleros vigilaban el lugar, reconocieron las autoridades. El jefe de la Policía de Kandahar ofreció el domingo el saldo de víctimas del ataque: un niño y nueve policías que custodiaban la cárcel. No hubo víctimas entre los prisioneros”.

Más de 1,100 detenidos consiguieron fugarse, según el general Carlos Branco, portavoz de la ISAF, la Fuerza Internacional de Asistencia a la Seguridad de la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte).

El viceministro afgano de Justicia, Mohammad Qasi Hashimzai, dio un balance algo inferior: 886 prófugos, 380 de ellos talibanes.

El responsable de la administración penitenciaria, Amir Mohammad Jamshid, afirmó que entre las personas fugadas había “importantes dirigentes talibanes”, sin dar nombres.

La provincia de Kandahar fue la cuna de los talibanes y sigue siendo uno de sus bastiones.

Desde que fueron derrocados a finales de 2001 por una coalición internacional encabezada por Estados Unidos, los talibanes llevan a cabo una violenta insurrección que ha ganado intensidad en los últimos dos años, pese a la presencia de unos 70,000 soldados extranjeros.

La milicia fundamentalista ha incrementado la espectacularidad de sus operaciones, entre las que cabe citar el ataque al hotel de lujo Serena, de la capital afgana, o el intento de asesinar al presidente Hamid Karzai durante un desfile militar el 27 de abril.

El asalto a la prisión es diferentes a los dos ataques citados porque constituye un “éxito innegable”, dijo una fuente militar occidental.

Además, tuvo lugar un día después de la conferencia de París, en la que la comunidad internacional prometió más de 20,000 millones de dólares de ayuda al desarrollo y la reconstrucción de Afganistán.