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La policía nepalí detuvo ayer sábado a unos 500 exiliados tibetanos que protestaban frente a la embajada china en Katmandú por el paso de la llama olímpica por Lhasa.

“Detuvimos a unos 500 manifestantes tibetanos. Los llevamos a varios centros de detención”, dijo a la AFP el oficial de policía Ramesh Thapa. “Todos ellos serán puestos en libertad por la noche”, agregó.

Los manifestantes, mujeres y monjes en su mayoría, portaban banderas del gobierno tibetano en el exilio y proferían gritos acusando a China de “embustera” y reclamando un “Tíbet libre”.

La policía antidisturbios cargó contra los manifestantes y se los llevó detenidos.

Desde el estallido de violencia que vivió Lhasa a principios de marzo, Katmandú ha sido escenario de protestas casi diarias contra Pekín.

A principios de esta semana las fuerzas de seguridad nepalíes habían detenido a 700 manifestantes ante la embajada china.

Estricta vigilancia en Lhasa
En tanto, la antorcha olímpica recorrió las calles de la capital del Tíbet, Lhasa, tres meses después de las cruentas manifestaciones de tibetanos opositores que avivaron las protestas en varias de las escalas internacionales de la flama que simboliza los Juegos de Beijing.

Un riguroso aparato de seguridad siguió a la llama en su trayecto de tres horas por la ciudad, un día después de que las autoridades anunciaron nuevas sentencias por los disturbios antigubernamentales de marzo en el Tíbet.

La ruta de diez kilómetros (casi seis millas) comenzó en Norbulingka, el otrora palacio de verano del Dalai Lama, desde donde el dirigente budista tibetano salió al exilio en 1959. El recorrido terminó en una plaza amplia en la base del Palacio Potala, que se encuentra en la parte alta de una colina y es la sede tradicional de los gobernantes tibetanos.

Centenares de policías y efectivos paramilitares formaron largas vallas sobre la ruta. Los espectadores, que fueron escrupulosamente revisados, ondearon banderas y corearon el lema “Vamos China”, aunque los ánimos estuvieron mucho más apagados que en previas escalas de la antorcha en ciudades de China. Menos de la mitad de los 156 corredores fueron tibetanos, dijo la agencia oficial de noticias Xinhua.

La escasa decena de periodistas extranjeros que fueron autorizados para informar de la etapa en Lhasa fueron obligados a viajar una caravana estrictamente vigilada. Solamente se les permitió presenciar el comienzo y el final, y se les impidió interactuar con otras personas.

La ciudad, que ha permanecido resguardada y sigue cerrada a los turistas foráneos desde los disturbios de marzo, estuvo paralizada durante el relevo, pues las calles se quedaron desiertas y la mayoría de los comercios cerró. Las autoridades instalaron un cordón de seguridad en torno a la Plaza Potala y personas disfrazadas tomaron el lugar de los peregrinos budistas que la visitan para hacer girar las ruedas de oraciones y postrarse frente al palacio, que ahora es un museo.

Los organizadores dijeron el mes pasado que la etapa del relevo en el Tíbet, inicialmente de tres días, sería reducida a un día para permitir una visita del tres al cinco de agosto a la provincia de Sichuán, donde murieron casi 70,000 personas por el terremoto del 12 de mayo.