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LA HABANA /AFP
Después de tres ofertas ignoradas de una rama de olivo a Washington, el presidente de Cuba, Raúl Castro, ordenó alistar hombres y armas, para seguir con mano firme el rumbo de su Gobierno, con independencia de quien gane las elecciones de Estados Unidos.

“Junto a la producción, la defensa continuará sin descuidarse, independientemente de los resultados de las próximas elecciones presidenciales en los Estados Unidos”, dijo Castro el sábado, al conmemorar 55 años del ataque al cuartel Moncada, inicio de la lucha revolucionaria, que triunfó en 1959.

Desde que asumió el poder interino de Cuba por una grave crisis de salud de su hermano Fidel, el 31 de julio de 2006, Raúl envió dos mensajes de paz a la administración de George W. Bush (en agosto y diciembre de 2006), la que los desconoció y lo calificó de “Fidel Light”, para marcar ausencia de cambios en la Isla.

Un tercer intento fue dirigido a la próxima administración que resulte de las elecciones de noviembre, pero ninguno de los dos candidatos, el republicano John McCain, ni el demócrata Barack Obama, dieron acuse de recibo.

“La nueva Administración que surja tendrá que decidir si mantiene la absurda, ilegal y fracasada política contra Cuba o acepta el ramo de olivo que extendimos”, dijo Raúl Castro en julio de 2007, y añadió: “Si no es así, estamos dispuestos a continuar enfrentando su política de hostilidad, incluso durante otros 50 años, si fuera necesario”.

McCain se acogió a líneas generales de la política del actual gobierno hacia Cuba, lo que le valió fuertes críticas del convaleciente Fidel Castro, en artículos de prensa.

Raúl, por su parte, advirtió en abril de 2008 que “si la extrema derecha” gana, “lo que no es una certeza pero sí una posibilidad real, el clima mundial de inestabilidad y violencia continuará presente y pudiera incrementarse, con efectos directos para nuestro país”.

Sobre Obama, Fidel escribió que es “inteligente y trabajador”, pero rechazó las ofertas del candidato de levantar las prohibiciones de viajes y envíos monetarios a Cuba como una fórmula de “remesas como limosnas” y visitas de “propaganda para el consumismo”.

Uno de los hombres más cercanos a Fidel, Armando Hart, opinó en un artículo publicado en junio en el diario oficial Granma, que si Obama “cumple su promesa, nacerá una nueva etapa en el combate ideológico entre la Revolución cubana y el imperialismo”.

Raúl no se ha pronunciado sobre Obama, pero al hablar ante el Parlamento, el 11 de julio, advirtió a Washington que “jamás adoptaremos una decisión, ¡ni la más mínima!, como resultado de la presión o el chantaje, venga de donde venga”.

Para el disidente socialdemócrata, Manuel Cuesta, “hay un sector (en el poder cubano) que teme a las consecuencias de una distensión con Estados Unidos, y por lo tanto esperarán a que se acerquen más las elecciones” antes de un pronunciamiento.

Un académico que mantuvo en reserva su nombre dijo a la AFP que “si Obama levanta las prohibiciones de viaje a Cuba, crea un gran problema: varios millones de turistas norteamericanos sueltos en la isla. Es un reto de infraestructura, pero sobre todo político e ideológico”.

Oscar Espinosa Chepe, un economista opositor preso en 2003 y excarcelado por motivos de salud, dijo tras oír el discurso de Raúl el sábado, que “no se habló nada de las ofertas de Obama, al contrario, se habla de guerra, de esfuerzo bélico”.

En las calles de La Habana, se tiene a McCain por una continuación de Bush, pero Obama es visto con interés, pues las promesas de levantar las limitaciones de viajes y remesas son temas muy sensibles para los cubanos, pues casi todos tienen un pariente en Estados Unidos.