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  • AFP

Túnez seguía a la espera este martes de los resultados definitivos de las elecciones del domingo que confirmarán probablemente la victoria del partido islamista Ennahda, antes de iniciar negociaciones para la formación de una mayoría en la nueva Asamblea Constituyente.

A pocas horas de conocerse el resultado, la misión de observadores de la Unión Europea saludó unas elecciones organizadas en la "transparencia" a pesar de "irregularidades menores".

El movimiento islamista reivindicó el lunes una posición dominante en la nueva arena política tunecina, estimando que logró entre 30% y 40% de los escaños de la Asamblea Constituyente elegida el domingo, nueve meses después de la revolución que derrocó al ex dictador Zine El Abidine Ben Alí y dio el puntapié inicial a la "primavera árabe".

Los primeros resultados, provisorios, anunciados el lunes por la noche por la comisión electoral independiente, ISIE, daba ampliamente el primer lugar a Ennahda entre la diáspora, con 9 de los 18 escaños reservados a los representantes de los tunecinos en el extranjero de los 217 que cuenta la Asamblea.

La Asamblea Constituyente estará a cargo de redactar una nueva Constitución y designar un nuevo ejecutivo hasta la próximas elecciones generales, previstas en un plazo de un año.

Para obtener una mayoría, Ennahda deberá negociar con formaciones de izquierda, en especial con el Congreso para la República (CPR, izquierda nacionalista) de Moncef Marzuki, y con Ettakatol (Foro, miembro de la Internacional Socialista), de Mustafá ben Jafaar, partidos dirigidos por ex opositores y que disputan el segundo lugar en los comicios, con alrededor de 15% de los votos.

Antes de las elecciones hubo contactos entre el CPR y los islamistas. Moncef Marzuki, militante en defensa de los derechos humanos exiliado durante años en París, dio un abrazo a Rached Ghannouchi a fines de enero, el día en que el líder islamista regresó a Túnez poniendo fin a 20 años de exilio en Londres.

Acusado por sus antiguos aliados de izquierda de "pactar con el diablo", Marzuki defendió la necesidad de una amplia unión nacional para formar un equipo sólido que tenga "los medios de gobernar".

No obstante desmintió haber pasado una alianza con Ennahda antes de la votación: "Esperamos los resultados definitivos, luego reuniremos el buró político del partido y los militantes para decidir nuestra estrategia antes de iniciar negociaciones".

Por su parte, el movimiento Ettakatol de Jaafar, un opositor a Ben Alí que no se exilió, había anunciado al comienzo de la campaña electoral que jamás haría una alianza con Ennahda ni nadie antes de la votación, pero que haría todo lo necesario para estar en un gobierno de unión nacional.

"Se necesita una transición suave. Necesitamos consenso para la segunda fase de la revolución, que es la de la transición democrática", declaró a la AFO Mohamed Draief, militante de Ettakatol.

La coalición de izquierda Polo Democrático Modernista (PDM), liderada por Ahmed Brahim, estimó por su parte que "habría otro resultado" si se lograba una alianza de partidos antes de las elecciones.

Incluso si Ennahda, mermado por Ben Alí, se impuso como la nueva fuerza dominante, los analistas subrayan que "no podrá gobernar solo" y deberá componer para no alienarse una sociedad secular apegada a sus conquistas sociales y para tranquilizar a los inversores extranjeros.

El próximo gobierno estará confrontado a una situación económica muy tensa, en un país donde el crecimiento que generalmente ronda el 5% a 6% es nula o negativa desde enero y donde el desastre de la última temporada turística destruyó empleos, por lo que se estima que la tasa de desempleo es de 19%.

Ennahda tendrá la oposición de un bloque de demócratas laicos y liberales -una fuerza que aun no está estructurada pero que podría representar un 25% de los escaños- que hará de contrapoder en la nueva asamblea.