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  • AFP

Miles de colombianos exigieron este martes en las principales ciudades del país el fin del secuestro y la violencia de la guerrilla marxista FARC, 10 días después del asesinato de cuatro uniformados que los insurgentes tenían como rehenes desde hacía más de 12 años.

"¡Libérenlos ya!" fue el grito únanime de los manifestantes al pronunciarse cada uno de los nombres de más de un centenar de civiles y de 11 policías y militares secuestrados, durante una concentración en la central plaza Bolívar de Bogotá.

Adriana Silvestre, Agustín González y Alberto Bustos fueron las primeras víctimas recordadas por todas las personas que abandonaron sus puestos de trabajo este martes para expresar el hastío de violencia que padece la sociedad colombiana tras casi medio siglo de conflicto armado.

"Estamos hartos de ellos, de sus crímenes. Las FARC ya no tienen ideología, sólo son narcoterroristas", afirmó Lía Velázquez, funcionaria del gobierno regional de Antioquia (noroeste).

Andrés Santiago, vocero de una de las organizaciones que convocaron la protesta a través de redes sociales, aclaró que "no es contra nadie, sino una exigencia de libertad", pero los carteles y reclamos contra las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), el principal grupo rebelde del país, destacaban entre los ciudadanos.

El gobierno, la Iglesia y mandos militares secundaron la manifestación y el propio presidente Juan Manuel Santos marchó en la población de Villeta, cercana a Bogotá.

"Libérenlos ya, sin condiciones, como un paso y una demostración de que hay una intención de llegar a un acuerdo para la paz", advirtió Santos en un mensaje a las FARC.

"¿De qué otra manera pueden entender que no más? ¿Que queremos un país en paz?", cuestionó la canciller María Ángela Holguín en la plaza Bolívar.

La chispa que prendió la protesta fue el asesinato, el pasado 26 de noviembre, de cuatro policías y militares que las FARC mantenían en su poder desde hacia más de 12 años, entre ellos el más antiguo rehén de la guerrilla, secuestrado el 21 de diciembre de 1997.

Los cuerpos fueron encontrados por tropas del ejército en una zona selvática de Caquetá (sur) tras entrar sorpresivamente en combate con rebeldes de las FARC, según el gobierno, mientras la guerrilla sostiene que se trató de una "demencial" acción de rescate.

Entre los reclamos a los rebeldes, en la plaza Bolívar también se demandó a gritos al gobierno que no emprenda operaciones militares de rescate, por los elevados riesgos que conllevan.

"Que el gobierno y la guerrilla dialoguen para que se lleven a cabo las liberaciones. No queremos que nos los entreguen en bolsas negras", dijo a la AFP Patricia Trujilla, hermana de un militar raptado hace 12 años y 5 meses.

Las últimas negociaciones de paz entre las FARC y el gobierno colombiano fracasaron hace casi una década.

Andrés Santiago, el vocero de estas marchas, que fueron secundadas en otras partes del mundo como Washington o Madrid, se mostró pesimista respecto a la respuesta inmediata de la dirigencia de las FARC a estos reclamos populares, mientras el director de la policía, el general Óscar Naranjo, aseguró que sí son influyentes.

Los informes de inteligencia dicen que a la jefatura rebelde, que hace un mes fue descabezada con el abatimiento de su líder Alfonso Cano, le "produce tremenda preocupación, verdadera angustia, ver cómo los colombianos los presionamos y rechazamos sus métodos terroristas", dijo Naranjo.

También hay quien espera que esta marcha estimule un mayor compromiso cotidiano en las ciudades colombianas con el drama de los secuestrados.

"Falta la solidaridad de mucha gente en el día a día", cree Luis Gonzalo Camargo, retenido durante siete meses y medio en el año 2000.

"No podemos seguir tan cómodos aquí cuando la gente se está pudriendo en la selva", coincide María Teresa Sáenz.

El presidente Santos ha asegurado que no cierra la puerta al diálogo pero que primero necesita señales claras de buena voluntad de parte de los insurgentes.