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  • AFP

Las autoridades religiosas, con el Vaticano al frente, temen que el próximo año el extremismo islamista en el mundo árabe se cebe con los cristianos, sobre todo en África, después de que en 2011 siguieran la violencia y la discriminación contra esta comunidad.

Tras los ataques contra varias iglesias el día de Navidad en Nigeria, reivindicados por la secta islamista Boko Haram, el papa Benedicto XVI lamentó que "muchos cristianos en el mundo estén expuestos a persecuciones" que rozan casi el "martirio".

El cardenal Kurt Koch, presidente del Consejo Pontificio para la Unidad Cristiana, estimó en septiembre que un "80% de los que son perseguidos por su fe son cristianos".

De los 2.180 millones de cristianos que hay en el mundo, la mayoría desconoce lo que es vivir perseguido, pero en Nigeria, Pakistán o Irak una minoría lo padece a diario.

Los ataques perpetrados por Boko Haram el pasado fin de semana, que dejaron al menos 40 muertos, no son un caso aislado en África, por lo que preocupa que este tipo de actos se lleven por delante la convivencia entre un islam moderado, inspirado en el sufismo, y el cristianismo.

En noviembre, el Papa alabó esta coexistencia durante su visita a Benín, destacando su fragilidad.

El padre Bernardo Cervellera, de la agencia misionera AsiaNews, considera que "la fuente" ideológica, cultural y financiera del islam intolerante en África proviene de Arabia Saudí, que envía dinero a grupos religiosos que a veces son bélicos e interpretan la religión en su faceta más radical.

La evolución de la "primavera árabe" también es un motivo de preocupación, con el auge de partidos islámicos en cunas cristianas.

Decenas de miles de cristianos de Oriente abandonaron en 2011 países como Irak y Egipto, mientras que los de Siria tienen miedo de ser atacados si el régimen de Bashar al Asad cae.

Pero para Cervellera, hay ciertos cristianos que "viven también en guetos autoconstruidos, llevados por el impulso de defenderse más que de colaborar" en edificar una sociedad con partidos musulmanes que ahora juegan un papel en la democracia.

En Arabia Saudí, unos dos millones de trabajadores inmigrantes cristianos no pueden ejercer su derecho a practicar su religión, mientras que en Afganistán y Pakistán, los fieles del cristianismo sufren en sus carnes la escalada de actos violentos relacionados con la degradación de las instituciones públicas.

En algunos Estados o regiones de la India y de Indonesia, islamistas e hindúes extremistas ataquen a veces sin motivo a los cristianos, que tienen "poca presencia política", destaca el experto Regis Anouil, de la agencia misionera Iglesias de Asia.

En Sri Lanka, la mayoría cingalesa practica el budismo y suele discriminar a los cristianos, y en países ex soviéticos de la Europa central, las leyes que buscan oprimir las influencias islamistas también afectan la libertad de las minorías cristianas.

Anouil augura "un año difícil para los cristianos" en China, ya que "el aparato de seguridad" debe reafirmar "su influencia en un año electoral" (en 2012 se celebrará el congreso del Partido comunista).

El Vaticano también denuncia otra discriminación: la que viene de Occidente.

La "secularización radical", afirmó en septiembre el jefe de la diplomacia de la Santa Sede, monseñor Dominique Mamberti, "minimiza a priori todo tipo de manifestaciones religiosas en la esfera privada" y fomenta el vandalismo anticristiano.