•   La Habana, Cuba  |
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  • AFP

El Partido Comunista de Cuba debatirá mañana sábado en una inédita Conferencia Nacional, un centenar de propuestas para modernizarse, limitar el tiempo para ocupar cargos de poder, acabar con la discriminación a homosexuales e impulsar las reformas del presidente Raúl Castro.

Un millar de delegados resolverán un conjunto de medidas para separar la acción partidista de la del Gobierno, pues “el Partido se involucró en tareas que no le correspondían”, causando un “debilitamiento” de su labor, y para desterrar “métodos burocráticos” y “actitudes negativas, en ocasiones corruptas”.

“O rectificamos o nos hundimos y hundiremos el esfuerzo de generaciones enteras”, dijo Raúl Castro en agosto, al advertir que el Partido creado por su hermano Fidel en 1965, debe cambiar su “mentalidad” y abandonar “dogmas y criterios obsoletos” para “preservar” el socialismo.

“La conferencia (...) tiene la responsabilidad de evaluar con objetividad y sentido crítico el trabajo de la organización, así como determinar con voluntad renovadora las transformaciones necesarias para situarlo a la altura de las circunstancias actuales”, según reza la convocatoria.

El Congreso es la máxima instancia partidaria, y en teoría se desarrolla cada cinco años, (pasaron 13 años entre el V y el VI), elige a los dirigentes y aprueba la línea política. Entre un Congreso y otro, el Comité Central puede convocar a una Conferencia Nacional “para tratar asuntos importantes de la vida del Partido”, según los estatutos partidarios.

El cónclave sigue al VI Congreso del Partido que aprobó más de 300 “lineamientos” para “actualizar” el agotado modelo económico de corte soviético, impuesto tras el triunfo de la Revolución en 1959, y fue citado simbólicamente para el 28 de enero, día del natalicio del héroe José Martí.

Esta Conferencia, la primera en medio siglo, fue convocada porque el VI Congreso, en abril de 2011, fue acaparado por la agenda económica. Raúl ha ampliado el trabajo por cuenta de privados y levantado la prohibición de la compraventa de casas y autos, entre otras reformas.

El cónclave, que debe culminar el mismo sábado, resolverá diversas propuestas, entre ellas acabar con toda discriminación --racial, religiosa o de orientación sexual--, y limitar a 10 años el tiempo para ocupar un cargo, incluidos los que ejerce Raúl, actual Presidente de Cuba y primer secretario del Partido Comunista.

Limitar el tiempo en un cargo implica una pequeña revolución en la isla, donde los dirigentes se eternizan en sus puestos: el general Abelardo Colomé es ministro del Interior desde hace 22 años.

El propio Raúl, de 80 años, fue ministro de las Fuerzas Armadas casi medio siglo, el mismo lapso en que el Partido y el Estado estuvieron dirigidos por Fidel, de 85 años, quien le entregó el mando en 2006 por problemas de salud.
El fin de la discriminación abrirá las puertas del Gobierno, del Partido y de las Fuerzas Armadas a los homosexuales que fueron internados en campos de trabajo en los años 60 y marginados en los 70.

El Partido Comunista, el único permitido en la isla, tiene 800,000 militantes, en un país de 11.2 millones de habitantes, y su cúpula está dominada por la vieja guardia. De los 15 miembros del selecto Buró Político escogidos en el VI Congreso, solo tres tenían menos de 65 años.

Raúl advirtió el 12 de enero que “no hay que hacerse tantas ilusiones” con la Conferencia, mientras seis intelectuales coincidieron, en un foro de la revista católica ‘Espacio Laical’, en que esta reunión es la última oportunidad de la generación histórica de la Revolución para democratizar la isla.

La “democratización interna del Partido (...) es el gran tema pendiente de la agenda del presidente Raúl Castro. Y en ello podría radicar el éxito de su mandato”, afirmó Lenier González, coeditor de la revista.

Según la Constitución, “el Partido Comunista de Cuba, martiano y marxista-leninista, vanguardia organizada de la nación cubana, es la fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado, que organiza y orienta los esfuerzos comunes hacia los altos fines de la construcción del socialismo”.

Pero la disidencia opina de otro modo: “El Partido Comunista ha sido el mecanismo para negar los derechos a los ciudadanos, incluyendo a sus propios miembros”, dijo el disidente Oswaldo Payá, Premio Sajarov del Parlamento Europeo, mientras el economista y ex preso político Oscar Espinosa propuso “terminar con el monopolio político del Partido”.

Si esto ocurriera, el Partido incluso podría “cooperar con otras corrientes políticas, como las de origen cristiano (...), como ha sucedido en Chile durante años de alianza entre socialistas y democristianos (que gobernaron de 1990 a 2010), con resultados muy favorables para su pueblo”, afirmó Espinosa.