•   Montevideo, Uruguay  |
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  • AFP

Los 355 presos que murieron en sus celdas abrasados por las llamas o asfixiados por el humo en una granja penal en Honduras, son el testimonio más cruel de la tragedia que viven los reos en las cárceles de América Latina, hacinados y sometidos a la violencia de sus copresidiarios o de sus guardianes.

El narcotráfico en toda la región ha superpoblado las cárceles en las últimas tres décadas, transformando al hacinamiento y a la violencia en el mal común de las cárceles de Latinoamérica, según analistas consultados por la AFP.

Las estructuras carcelarias fueron diseñadas a comienzos del siglo pasado cuando no existían los delitos de narcotráfico y la población criminal era mucho menor a la actual, subrayaron.

Honduras, en particular, tiene el récord mundial en tasa de homicidios, 82 por cada cien mil habitantes, según la ONU.

Este país, convertido en ruta privilegiada para el trasiego de cocaína sudamericana hacia Estados Unidos, y asolado por las maras (pandillas), cuenta con 24 establecimientos penitenciarios con capacidad para albergar a 8,000 personas, pero la población carcelaria sobrepasa los 13,000. La granja prisión de Comayagua encerraba a 900 presos, el doble de su capacidad.

Crisis estructural

“La crisis de Honduras es estructural. La cárcel es una muestra de la impunidad, corrupción e ineficiencia del sistema. Se hace urgente designar a veedores internacionales para asegurar justicia”, estimó en declaraciones a la AFP Lucía Dammert, socióloga peruana y experta en temas de seguridad.

Ya en 2004, un centenar de reos murieron calcinados en la cárcel de San Pedro de Sula, la capital económica y la más violenta del país (norte), debido a problemas estructurales de la prisión.

En Venezuela, las cárceles encierran a 50,000 reclusos, cuando su capacidad es de 14.000, según cifras del propio gobierno; mientras que las prisiones de Chile registran superpoblaciones de 50%, 70% y hasta 200%, según datos del gobierno, de 2010.

Fue precisamente Chile donde se vivió el antecedente más cercano a la tragedia de Honduras, cuando, el 8 de diciembre de 2010, 81 reos murieron en un incendio que se inició de madrugada en la cárcel San Miguel de Santiago, originado en forma intencional en medio de una riña entre internos.

La situación es especialmente acuciante en Centroamérica. En El Salvador según registros de la Dirección General de Centros Penales, DGCP, en enero de 2012 había un total de 25,400 reos, cuando los 19 centros penales del país fueron creados para albergar 8,100.

Guatemala presenta gran similitud con el caso de Honduras, según afirma Carmen Ibarra de la ONG Movimiento Pro Justicia. “Las situaciones son tan precarias que cualquier cosa puede pasar”, señaló la activista.

Según Ibarra, unas 1,500 personas se encuentran detenidas en las prisiones guatemaltecas, pese a que ya cumplieron su condena.