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  • AFP

La masacre el domingo de dieciséis afganos a manos de un soldado estadounidense atizó en Estados Unidos el debate sobre la retirada de sus tropas de Afganistán en 2014, tras un decenio de guerra y en medio de crecientes tensiones entre Kabul y Washington.

"Este incidente es trágico y chocante, y no representa el carácter excepcional de nuestros militares ni el respeto de Estados Unidos hacia el pueblo de Afganistán", señaló el presidente Barack Obama en un comunicado.

Durante una llamada telefónica a su par afgano Hamid Karzai, el mandatario estadounidense "extendió sus condolencias al pueblo de Afganistán, y dejó en claro el compromiso de su gobierno para establecer los hechos lo más rápidamente posible y para responsabilizar" a quienes sea necesario.

El general John Allen, al frente de las fuerzas de la OTAN, aseguró que esta tragedia no debilitaría el espíritu de cooperación con las fuerzas afganas.

Pero esta masacre, ocurrida en Kandahar, bastión talibán del sur de Afganistán, ya despertó numerosos cuestionamientos sobre la viabilidad de la misión de Estados Unidos en Afganistán.

"Hay algo profundamente erróneo en la manera en que percibimos toda la región y pienso que va a empeorar", estimó Newt Gingrich, expresidente de la Cámara de Representantes y uno de los cuatro precandidatos republicanos a las elecciones de noviembre.

"Es altamente probable que un número considerable de jóvenes estadounidenses haya perdido la vida o haya sido herido en el marco de una misión que se revelará imposible a cumplir", añadió en declaraciones a la cadena Fox.

Los soldados estadounidenses y de otros miembros de la OTAN pondrán fin a su misión en Afganistán a finales de 2014. Entre tanto, Washington intenta entrenar a las fuerzas de seguridad afganas para que puedan tomar el relevo.

Pero las relaciones entre Washington y sus socios afganos están en su punto más bajo.

Dos sanguinarios enfrentamientos a raíz de la quema accidental de libros del Corán por parte de tropas estadounidenses, varios asesinatos por de ellos y un video que muestra a Marines orinando sobre cadáveres de afganos son algunas de las últimas señales de degradación de las relaciones.

En Kabul, el presidente Karzai dijo que "cuando hay afganos que mueren deliberadamente a manos de las fuerzas estadounidenses, se trata de un acto de asesinato, terrorista e imperdonable", iniciando así una nueva serie de recriminaciones contra Washington, donde su popularidad se ha visto mermada.

El influyente senador demócrata estadounidense Charles Schumer estimó en la cadena ABC que Karzai es "la mayor debilidad de Afganistán, pues parece que nadie confía en él".

Estas tensiones pesan sobre la misión militar y complican los esfuerzos por parte de Estado Unidos de negociar una asociación estratégica que sea duradera y viable con Afganistán, una vez que sus tropas se hayan retirado.

El senador republicano Lindsey Graham, por su parte, explicó el domingo a la cadena ABC que "una vez que los estadounidenses partan de Afganistán, Washington debería mantener sus bases aéreas y unidades de fuerzas especiales para asegurarse que los talibanes no se refuercen y que la OTAN seguirá estando implicada después de 2014".

"Si Afganistán se hunde en una situación en la que los talibanes puedan aprovechar la situación de caos, este país podría volverse fácilmente una base de Al Qaida para lanzar ataques contra Estados Unidos", advirtió de su lado el senador republicano John McCain en CNN.