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  • AFP

Los talibanes juraron este lunes vengar la masacre de 17 civiles afganos perpetrada el domingo por un soldado estadounidense en el sur de Afganistán, drama que provocó una crisis entre Washington y Kabul, donde el Parlamento reclamó un juicio público al autor.

El domingo al alba, un militar del contingente estadounidense de la Fuerza Internacional de Asistencia a la Seguridad de la OTAN (ISAF) salió de su base en la provincia de Kandahar, bastión talibán, asesinó a los ocupantes de tres casas de los pueblos de los alrededores, entre ellos nueve niños y tres mujeres, y quemó sus cuerpos, según fuentes afganas y occidentales.

Este baño de sangre se produce unas semanas después de la quema de coranes por soldados estadounidenses en la base de Bagram (norte), un acto considerado como blasfematorio que desencadenó una ola de violentas manifestaciones anti estadounidenses en el país que dejaron casi 40 muertos.

Los talibanes, derrocados a fines de 2001 por una coalición internacional liderada por Estados Unidos y que combaten desde entonces al gobierno de Kabul y la ISAF, reaccionaron a esta matanza en un comunicado publicado el lunes en sus páginas de internet.

Los rebeldes, con los que Washington y sus aliados de la OTAN continúan combatiendo a pesar de negociaciones paralelas de paz, anunciaron que "se vengarán" de "cada una de las muertes" perpetradas por los "estadounidenses salvajes y enfermos mentales".

"La mayoría de las víctimas son niños inocentes, mujeres y ancianos", agregan.

Tras cometer la masacre, el soldado estadounidense habría regresado a su base, en donde estaría detenido.

La ISAF no dio de momento ninguna indicación sobre las motivaciones del militar.

El Parlamento afgano pidió este lunes que los culpables norteamericanos de la matanza sean juzgados en público en Afganistán.

El domingo, el presidente afgano Hamid Karzai denunció "un acto de asesinato, terrorista e imperdonable" y pidió "explicaciones" a Washington.

El presidente estadounidense Barack Obama lamentó un drama "trágico y consternante" y le aseguró el compromiso de su gobierno "para establecer los hechos lo más rápidamente posible y para responsabilizar" a quienes sea necesario.

Este nuevo drama amenaza con complicar aún más las difíciles negociaciones en curso entre Washington y Kabul. Ambos intentan ponerse de acuerdo sobre las condiciones de una asociación estratégica a largo plazo.

Este acuerdo tiene por objetivo, entre otras cosas, definir la modalidad de la presencia estadounidense en Afganistán luego de 2014, fecha en la que la OTAN prevé haber retirado todas sus tropas de combate, y la eventual constitución de bases permanentes, un tema sensible en un país históricamente alérgico a toda presencia militar extranjera.

Washington fracasó cuando intentó concluir un acuerdo similar en Irak al no obtener del gobierno de Bagdad una garantía para la impunidad judicial de sus soldados, y tuvo que retirar el conjunto de sus tropas.

La matanza del domingo recuerda la que sucedió en noviembre de 2005 en Haditha, en Irak. Según la acusación, los militares estadounidense se libraron entonces, a pesar de la ausencia de rebeldes, a tres horas de matanza para vengar a un camarada que había muerto por una bomba. En total 24 iraquíes murieron, entre ellos niños.

En noviembre, un soldado estadounidense acusado de haber matado a civiles afganos para distraerse fue reconocido culpable de asesinato y condenado por la justicia militar estadounidense a cadena perpetua.

Según un sondeo para la televisión estadounidense ABC News y el Washington Post publicado el lunes, 60% de los estadounidenses estiman que la guerra en Afganistán no vale la pena y más o menos el mismo porcentaje quiere un retiro anticipado de las tropas de ese país.