Jorge Eduardo Arellano
  •  |
  •  |
  • END

ISLAMABAD / AFP

El presidente paquistaní Pervez Musharraf anunció ayer lunes su renuncia, la víspera de que la mayoría parlamentaria le iniciara un proceso de destitución impulsado por el gobierno.

Con una popularidad hundida, el ex jefe de las Fuerzas Armadas que se puso al frente de la única potencia nuclear militar del mundo musulmán en 1999, tras un golpe de Estado, cedió ante la presión de sus adversarios políticos.

Musharraf vio también debilitarse en los últimos meses el apoyo del Ejército y de Estados Unidos, que hasta hace poco tuvo en él a un aliado clave en su “guerra contra el terrorismo”. “Después de analizar la situación y consultar a consejeros legales y aliados políticos, decidí dimitir”, dijo Musharraf con semblante grave, en una alocución televisada.

“Dejo mi futuro en manos del pueblo”, añadió, tras un discurso en el que defendió su gestión y tachó de infundadas las acusaciones en su contra, entre las que figuran violar la Constitución destituyendo a los jueces que iban a pronunciarse sobre su reelección en octubre de 2007, e instaurar ilegalmente el estado de excepción en noviembre. Musharraf fue reelegido de manera controvertida, por la vía parlamentaria, en octubre de 2007.

Poco después renunció al cargo de jefe del Ejército, en una tentativa de difuminar su imagen autoritaria.

Su popularidad, sin embargo, ya había iniciado una caída dramática, afectada por su intento de acabar con el poder del presidente de la Corte Suprema y por la espiral de violencia terrorista que sacudía al país.