•   Silao, México  |
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  • EFE

El papa Benedicto XVI alegró hoy bajo un sol de justicia los corazones de cientos de miles católicos que, con respeto a sus oraciones y un hondo fervor, le acompañaron en una misa masiva en Guanajuato, centro de México.

Las largas peregrinaciones e interminables horas anteriores a una ceremonia histórica para los habitantes del centro de México culminaron con una misa sin sobresaltos, con algunas emergencias médicas que atender por desmayos causados por el calor, en la que el pontífice pidió superar "el cansancio de la fe" en América Latina.

El arribo de Benedicto XVI en helicóptero a la zona de ceremonias fue quizás uno de los momentos de más júbilo del día e hizo resonar cánticos como "¡Esta es la juventud del papa!" o "¡Se nota, se siente, Benedicto está presente!".

A sus casi 85 años, el papa respondió desde el papamóvil saludando a diestra y siniestra y haciendo un guiño desde el primer momento a la gente cubriéndose con un sombrero negro de charro con adornos plateados.

Algunas personas durmieron en el Parque Guanajuato Bicentenario, pero la mayoría llegó temprano a este enclave árido, vallado, y muy controlado en sus accesos, donde la misa transcurrió con bastante orden.

La monja teatina María Fulgencia Ruiz, llegada a la misa desde la ciudad de Celaya, esperaba antes de la ceremonia "un día lleno de fe para todo el pueblo mexicano", lo que a la postre no la defraudó.

En declaraciones a Efe ensalzó la figura de Benedicto XVI, un líder espiritual "muy verídico" que invita a vivir con "una fe responsable", aunque recordó a Juan Pablo II, a quien vio en tres de sus viajes como "el papa de la sonrisa", y le echa algo de menos.

Sofía Sánchez, una vendedora de artículos religiosos, dijo que había ofertado estampitas a 5 y 10 pesos (0,4 y 0,8 dólares) de los dos últimos papas, Benedicto XVI y Juan Pablo II, y admitió sin problema que le fue mejor con las del beato Wojtyla que con las del papa alemán, querido pero menos cercano en sus expresiones de afecto a los mexicanos.

Las 640.000 personas que acudieron a la eucaristía, según una primera valoración del portavoz vaticano, Federico Lombardi, no pudieron meter "objetos voluminosos", lo que explicaba que apenas se vieran cuadros o estatuas grandes con imágenes de la Virgen de Guadalupe, habituales en las romerías los peregrinos mexicanos.

Empresarios, políticos y representantes de las instituciones más importantes de México ocuparon la zona más cercana al papa, mientras la gente más humilde se las arreglaba con orden, esperanza y mucha resignación, en los cerros aledaños.

Benedicto XVI trató en la homilía de dar una dimensión regional a su discurso pidiendo a los católicos de América Latina "confirmar, renovar y revitalizar el Evangelio".

Al término de la ceremonia, el seminarista Martín Alejandro Amaro Rodríguez, de 19 años, destacó el valor de las palabras del papa por la importancia que le dio a la fe.

"Yo pensé que iba a hablar de algunas cosas que tienen que ver con el Estado, la política, todo eso, y dijo muy poco. Pienso que la razón fue que la visita del papa, el centro fue realmente espiritual, no en otro sentido", agregó.

"Sí mencionó cositas de narcotráfico y todo eso (...) pero me llamó la atención que habló de esperanza, que creo que es algo que ahora ocupa a toda Latinoamérica", añadió.

Una misionera española, María Rosa Martínez, que lleva 18 años evangelizando en México, estaba exultante por haber vivido la experiencia de acompañar al papa en México pese a las 17 horas que tardó en llegar a Silao desde Coatzacoalcos, donde vive.

"Esto es apoteósico ¡Qué convocatoria de gente! Muchos han hecho grandes sacrificios para estar aquí", agregó, conmovida sobre todo por "el entusiasmo, la alegría y el hambre que tiene todavía esta gente de la palabra de Dios".

La religiosa deseó que el segundo viaje a Latinoamérica de Benedicto XVI deje "una fecundidad de vocaciones, de misioneras" para los años venideros en estos países.

A pocos kilómetros del Parque Bicentenario, en plena fiesta católica, se mostraba la pluralidad del México actual a la puerta de un templo cristiano con dos decenas de autobuses.

"Aquí no somos católicos romanos. Somos de la Iglesia de la Luz del Mundo", rezaba una pancarta de este culto con cerca de 200.000 seguidores en México.