•   San Pedro Sula, Honduras  |
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  • AFP

Los reos de la cárcel hondureña de San Pedro Sula impiden el ingreso de las autoridades a las celdas desde hace dos días, cuando se produjo un enfrentamiento entre reclusos con saldo de 13 muertos, lo que mantiene aún tenso el ambiente en la prisión.

“Los reos todavía tienen el control, nadie ha podido ingresar allí, se habló con ellos ayer (el viernes) y no dejan entrar a nadie” a las celdas, reconoció a la AFP el portavoz del Ministerio Público en la región norte del país, Elvis Guzmán.

Guzmán precisó que ni policías ni fiscales han ingresado al módulo 18 --donde se originó la reyerta y donde se produjo un pequeño incendio el jueves--, para investigar lo sucedido en el penal de San Pedro Sula, situado 240 km al norte de la capital.

Los miembros del Cuerpo de  Bomberos tampoco han podido entrar al módulo para investigar las causas del incendio -que los mismos reos apagaron con baldes de agua-; en tanto, los custodios del penal mantienen el control del área de ingreso, los alrededores y vigilan desde las torres de control.

“Tenemos pendiente la inspección porque los privados de libertad no han permitido que hagamos la supervisión en el interior de las celdas donde ocurrió el incidente”, dijo el coordinador de la Fiscalía de Derechos Humanos, John César Mejía.

Solo dejaron entrar al obispo

Los reclusos, que se enfrentaron con armas blancas -sin que se descarte que algunos hayan usado pistola-, solo dejaron entrar el jueves al área de celdas al Obispo Auxiliar de la ciudad, Rómulo Emiliani quien logró parar los choques.
“Para evitar un mal mayor hay que actuar con prudencia y se tomó la decisión de abrir un proceso de negociación con ellos para que no se dé un incidente de mayor naturaleza o igual al del jueves”, subrayó Mejía.

Según investigaciones preliminares, el incidente en la cárcel -sobrepoblada con unos 2,400 reos, pese a que su capacidad real es de 800-- surgió porque uno de los reos coordinadores que nombran las autoridades para imponer disciplina informó a los presos del módulo 18 que varios iban a ser trasladados a otro penal. En la disputa, el reo coordinador fue decapitado y su cabeza lanzada al techo.

“Los internos siempre me respetaron y prometieron que no habría más violencia. Me aseguraron que no habría más muertos, que me quedara tranquilo”, dijo Emiliani, en una entrevista publicada este sábado en el diario La Prensa.

Los familiares de los 13 reos muertos recibieron los cuerpos la tarde del viernes, tras protestar frente a la morgue de Tegucigalpa para que los forenses aceleraran la identificación y entregaran los cadáveres para su sepultura.

Algunos familiares dijeron que había cuerpos con disparos y pidieron a organismos de Derechos Humanos investigar si los impactos fueron o no hechos con armas de uso policial.

El incidente en la cárcel de San Pedro Sula causó alarma en Honduras, pues ocurrió 45 días después de que murieran 361 presos en un incendio en el penal de Comayagua, 90 km al norte de la capital, una de las peores catástrofes carcelarias del mundo.

El sistema penitenciario hondureño es considerado una “bomba de tiempo”: las 24 cárceles existentes que tienen capacidad para 8,000 personas albergan a unas 13,000, 60% de ellas sin condena.

Tras este nuevo suceso, el Presidente de Honduras, Porfirio Lobo, prometió “mejorar las condiciones en que están los internos”.